NESS * 44

835 Palabras
En pocos minutos Rafa me alcanza abrazándome para frenar mi huida. ―Carajo sí que pareces una gacela, por favor no corras más. ―No puedo controlarlo, no me enseñes más agujas ―mi cuerpo se estremece al pensar en el objeto puntiagudo y por mucho que he hecho para manejar este tipo de sensaciones lamentablemente es algo que no se puede controlar. ―Lo prometo, volvamos que la comida se enfría ―me dice mientras me mira fijo con gesto de ternura y ese es el Rafaelo que conozco desde hace muchos años, cariñoso, leal y sobreprotector. Asiento con mi cabeza y este me baja pasando sus brazos por sobre mis hombros y caminamos lento de vuelta a la casa al llegar donde Laura esta me abraza y entonces caminamos los tres de regreso. El camino se hace corto y en poco tiempo subimos al apartamento donde un preocupado Donatello nos espera y este corre abrazarme apenas me ve cruzar la puerta. ―Lo siento no sabia que le tenias fobia a esas cosas ―comenta evitando nombrar al objeto de mi temor. ―Tranquilo sabemos que no lo hiciste apropósito. ―Igual me da pena que hayas tenido que vivir un episodio de esa manera por mi torpeza. ―Nada de eso. ―Bueno ahora debemos ver cómo hacemos para el tratamiento, vamos a comer y luego debes descansar. Estoy de acuerdo con sus palabras ya que me duele mucho la mano y no creo que la corrida me haya hecho bien, honestamente ahora más consciente me siento ridícula por vivir episodios de este tipo siendo una adulta y de paso psicóloga pero… ―Somos humanos, Ness, los psicólogos se enferman, también tienen miedos y necesitan muchas veces alguien que los escuche , lloran y ríen como cualquier mortal, el ser especialistas no nos hace perfecto ―Alega mi amiga mientras me envuelve nuevamente en sus brazos y yo solo asiento devolviendo el gesto con una sola mano. ―Vamos a inmovilizar esa muñeca ―indica Rafa y saca todo lo necesario mientras me armo de valor y aguanto la colocación de todo. La cena está deliciosa y mientras comemos los chicos nos cuentan de sus últimas aventuras y paseos, nos invitan a ir al lago y despejar la mente de tanto trabajo, así que aceptamos irnos mañana apenas amanezca.    La noche transcurre rápida y luego de un buen momento al comer, vamos a mi cuarto para acostarme y colocar el tratamiento, que esta vez al no ver la aguja no me hace correr y de hecho ni si quiera me percato. A los pocos minutos me pierdo en el descanso con Morfeo. */*/*/*/*/*/*/* Apenas amanece ya estamos activas, Laura me coloca la segunda inyección y arreglamos los bolsos, alistamos desayuno, café y té para el camino. Rafa avisa que ya vienen en camino y organizamos para esperar en la recepción y no perder tiempo, hablamos de todo un poco hasta que oímos la corneta de la Suv del amor de mi amiga. Salimos riendo por algo que dice Laura y por inercia miro alrededor a lo lejos me parece ver el auto de Sebastian pero descarto la idea y subimos saludando a los chicos y partiendo de una vez hacia el fin de semana que nos espera.   Nos distraemos entre cuentos y descripciones del pueblo de las actividades que podemos encontrar y de cómo es la casa vacacional de su niñez. Luego de cuatro horas de camino, llegamos al pueblo muy pintoresco y playero; disfrutamos de la brisa salina y el calor que se siente. ―Paremos por unos wafles y panqueques son los mejores del mundo ―comenta Donatello mientras su hermano direcciona la camioneta hacia allá. Nos paramos y bajamos es una cafetería muy linda con detalles en madera y toda la decoración queda perfecta en cada área. Nos ubican en una mesa muy linda y espaciosa y pedimos café, chocolate, los wafles y los panqueques que llegan humeantes a los pocos minutos y a todos se nos hace agua la boca. Comemos distraídos y haciendo planes para el resto del día, una vez terminamos y pagamos nos retiramos y continuamos, llegamos a una propiedad muy linfa una casa en madera muy grande resalta y a mano izquierda se ve la arena blanca con el mar más azul y cristalino que mis ojos han visto. ―Es hermosa ―murmuro totalmente hechizada por la vista. ―Sí, la primera vez que la vi fue la primera vez que salí con Rafa, fue una semana deliciosa ―susurra mi amiga mientras los chicos se adelanta a la casa. ―Eso picarona, disfrutaste de todo esto con ese ardiente hombre. ―Cállate, pesada. ―manda y se adelanta. Y dando una vista más a este hermoso lugar no puedo evitar pensar que me gustaría disfrutar de este con Sebastian, salgo de mis pensamientos y me encamino hacia la casa sin perder más tiempo., dispuesta a disfrutar y descansar en este maravilloso lugar.  
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