―Qué mierda, Rafaelo ―grita Laura mientras se acerca a la sala hecha furia ―Se supone que la cures no que la hagas sentirse mal.
―Lo siento, me disculpo pero reubicar el hueso grande de la muñeca no se puede hacer de otra manera, además si les decía sería peor…
―Ni una mierda nada de peor, has hecho que casi se desmaye ―reclama histérica mientras desorientada veo que Donatello me sostiene entre sus brazos y mi pecho sube y baja agitado.
―Lo siento, cariño de verdad…
―Por suerte solo fue ese hueso y no el semilunar, por lo general cuando ambos son dislocados se amerita cirugía ―me tenso por sus palabras, no quiero nada que ver con cirugía y menos hospitales.
―Igual no quita que casi la mata…
―No seas exagerada, ya estará mejor, ahora le colocare algo para el dolor y deberá llevar una férula para que su muleca no se mueva por los próximos quince días mientras que la inflamación bajara en menos de setenta y dos horas.
―Quiero ese algo para el dolor ahora ―gimoteo sintiendo muy fuerte el dolor.
―En eso estoy… ―dice Donatello mientras me endereza y busca en el maletín sacando una jeringa con ampolla y prepara la inyección.
Odio las agujas y lamentablemente soy una de las muy pocas personas que sientes fobia por ellas por lo que me levanto como resorte mientras miro con mis ojos muy abierto, mi piel se pone fría y mi respiración se agita comienzo a retroceder negando y aunque soy psicóloga o peor porque lo soy sé que las reacciones no son controlables.
―Carajo ―maldice Rafael y mira de Donatello hacia mí. ―Don, le tiene fobia a las agujas ―gruñe mientras se levanta, acción que hace que me mueva más rápido hacia la salida aterrada y aun sabiendo en el fondo que no es algo que me pueda dañar realmente me aterran.
En menos de lo que esperan me encuentro corriendo por las escaleras mientras mi cuerpo suda por completo y el sonido de mis latidos retumba en mis oídos aturdiéndome mi audición, a lo lejos escucho mi nombre en la voz de Laura y de Rafaelo, pero yo continuo mi carrera hacia la salida, porque lo único que puedo recordar es la gran aguja levantada hacia mi dirección. Un escalofrió me hace tropezar pero recupero el equilibrio hasta llegar al final de las escaleras y salir a la recepción del edificio como hay vecinos entrando y saliendo disimulo un poco mis pasos rápidos y busco la puerta principal que se abre apenas estoy cerca.
Camino rápido afuera y una vez en la calle el aire fresco me golpea y mi respiración agitada se hace más rápida y la ansiedad de alejarme más se hace más fuerte.
Así que empiezo a caminar mientras recuerdo algunos momentos que son asociados a las agujas, inyecciones y varios que tienen que ver con ello.
Camino apresurada tratando de controlar mi cuerpo y entonces escucho la voz de mi amiga llamándome y aunque sé que no me hará daño no puedo controlar mi reacción y comienzo a correr mientras ellos lo hacen detrás de mí.