Lo veo entrar al ascensor y levantar la mirada antes de que este cierre sus puertas, realmente me gusta y siento pena verlo de esa manera cuando horas antes estábamos sentados disfrutando del mejor día en pareja que he tenido, si tan solo su hermano no hubiese sido tan idiota no tendríamos este final en el maravilloso fin de semana que teníamos por delante.
Me giro y entro cerrando detrás de mí, la sala está vacía y las voces de mis amigos se escuchan desde la cocina, por lo que camino hacia allá haciendo una parada antes para tomar mi celular. Y veo que tengo varios mensajes de chat de Sebastian y todos son de escasos segundos.
Suspiro y me decido a leerlos más tarde, me siento agotada y de verdad me gustaría dormir desde ahora por el resto del fin de semana. Llego a la cocina y en uno de los bancos del mesón se encuentra sentado el hermano de Rafaelo, mientras este se encuentra de pie detrás de Laura quien destapa los empaques que han traído y este la mantiene abrazada mirando sobre su hombro; mi amiga sonríe y sus ojos brillan demostrando la emoción por encontrarse así junto a él.
―Vaya si que se saben divertir ―digo para hacer notar que he vuelto mientras ellos miran hacia mí ―que huele tan delicioso.
―Todo bien, Ness ―consulta Rafa serio.
―Sí, todo bajo control, de nuevo gracias por todo ―repito y les sonrío.
―Nada que agradecer, cuñada ―responde jocoso mientras aprieta nuevamente a Laura contra él y esta solo voltea sus ojos.
―Te voy a dejar sin algo más que parentesco ―comenta mi amiga deshaciéndose de los últimos empaques y soltándose de este.
―Creo que sufrirás más tú, que mi hermano, cuñis ―asegura Donatello mientras se gira hacia donde me encuentro parada ―vemos esa mano ahora, mira que parece una pata de elefante.
Resoplo y giro mis ojos por la impertinencia compartida sobre el aspecto de mi mano, pero realmente me duele aunque no la tengo tan hinchada sin embargo mantiene el color oscuro que empezó aparecer hacer poco.
―Yo ya le dije lo mismo, pero ella no me cree ―comenta mi amiga dejando unos platos sobre el mesón y se gira para tomar unas copas y ubicarlas al lado de los primeros.
―Vamos a chequear esa mano ―secunda Rafa y entonces Donatello va por el maletín de cuero color n***o que trajeron con ellos.
―Iremos a la sala, Laurin, luego de atender a Ness vuelvo para ayudarte ―le comenta Rafaelo a mi amiga que lo mira y sonríe; a pesar que la he visto reír sus mejores sonrisas son cuando esta él cerca.
―Vayan yo los alcanzo.
Llegamos a la sala y Donatello se sienta en el sillón grande mientras deja a sus pies el maletín que ha buscado antes, abriéndolo saca de éste vendas, cremas y unos talonarios donde se ve el membrete de su clínica.
―Bueno veamos a esta hermosa mujer ―indica Rafa al llegar hasta nosotros y sentándose en la mesita de café que se encuentra frente al sofá.
―Serás hombre muerto si Laura llega a ver que pusiste tu trasero; en su hermosa, importada y de diseño personalizada mesa de centro.
―Bueno espero que aparte de patearlo sepa curarlo.
―De verdad que son tal para cual.
―Eso lo sé yo, ella es la que debe asimilarlo ―responde y me sonríe luego se quita su saco y remanga los brazos de su inmaculada camisa blanca ―dame la manito ―se burla haciendo voz de mingonearía ―esto puede doler ―dice mientras sostiene con sus manos la mia que ahora veo que mi palma se pone morada mientras pasan los minutos.
―De acuerdo ―murmuro porque es cierto que tengo un nivel alto de tolerancia al dolor pero igual me asusta sentirlo.
―Vas a respirar profundo y soltar despacio tres veces ―me dice mientras examina mi mano de un lado al otro sin presionarla apenas sosteniéndola ―debiste haber hecho mucho daño a lo que hayas golpeado― asegura mientras levanta su mirada hacia mí.
―Sí, puse en su sitio a un imbécil que me confundió con otro tipo de persona.
―Me alegro, respira ―hago el ejercicio cuando voy por la segunda respiración, siento un dolor tan fuerte que mi grito sale en automático, fuerte y realmente desgarrador.
―Mierda, sí está dislocada.