NESS * 21

569 Palabras
―Entonces seremos muy felices, porque yo te adoro. Se acerca hasta mis labios y me besa suavemente mientras su mano acaricia mi cara y cabellos. ―Cómo te sientes, aun te duele ―consulta mientras arruga la cara y su gesto se vuelve incómodo. ―Estoy mejor, eso es solo por el golpe, el personal de seguridad es una mole, mira lo grande que son, obviamente e golpearme contra alguno de ellos no me iba a dejar ilesa. ―Eso no debió pasar, en realidad me encargare luego de ello… El toque en la puerta detiene la conversación y cuando da permiso para que entren, Robert con un señor mayor con un muy buen aspecto lo acompaña. ―Señor, el doctor Méndez ―indica Robert y el mencionado se acerca saludando a Sebastián con confianza y familiaridad. ―Sebastián, hijo ―se dan un abrazo y luego se separan con medias sonrisas ―en que puedo ayudarte, tenía tiempo que no sabía de ti. ―Méndez, dime cual es el secreto para mantenerte todos los años igual ―consulta jocoso mi prometido. ―Relajarme ―acota el médico ―no me estreso por nada que no pueda solucionar, todo tiene solución. ―Tratare ―asegura y luego se gira hacia donde estoy ―bueno quisiera que fueran condiciones distintas, pero te presento a mi prometida, Ness. ―Oh, la futura señora de la casa ―comenta el doctor y Sebastián asiente con la cabeza. ―Y qué es lo que tiene a esta preciosa joven en esa cama. ―Bueno se ha caído… ―En realidad ―lo interrumpo ―tropecé con una de las columnas humanas que tenemos en casa como seguridad y pues caí de pompas y ahora me duele… aparte es un placer conocerlo. ―Y para mi es igual, encantado de conocerte, ahora vamos a revisar qué fue lo que sucedió. ―Bien, estoy lista. ―Entonces, chicos, fuera del área ―le indica a Seba y Robert, pero el primero ni se inmuta y el segundo sale raudo de la habitación. ―No iré a ningún lado ―asegura mientras se sienta de nuevo en el sillón. ―Por qué será que esperaba esa respuesta, bien entonces si la futura señora de la casa no tiene objeción que te quedes procederé a revisarla. ―Está bien, doctor, que se quede sino se quejará por el resto de la vida ―me burlo y lo veo voltear los ojos y gruñir. ―Muy graciosos ustedes dos, yo estaré aquí, revisando una información y ustedes pueden seguir. No podemos evitar reír al verlo como un niño malcriado quejándose y pasado el momento de risa, el doctor inicia con el chequeo. ―Me vas avisar donde duele ― comenta y comienza a tocar desde el cuello hasta la espalda media. ―Un poco ―digo al sentir dolor donde toca. ―Bien voy a seguir ―informa y continua con su chequeo, baja más y justo cuando llega a la parte baja de mi espalda no puedo evitar quejarme en voz alta y es tal el dolor que las lágrimas se me salen sola y ahora si me duele muy insoportable. ―Que mierda, Méndez, es que la cures no que la hagas llorar ―gruñe Seba y se acerca rápido a mi lado mientras toma mi mano y limpia mi rostro con su mano desocupada.
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