El inicio de la semana llega en un parpadeo de manera radical, en lo que menos pensamos nos vemos envueltos en la idas y venidas de nuestros día a día; por lo general mis gestiones terminan antes de las siete de la noche por lo que llego a casa y antes de ducharme y cenar realizo mi rutina de ejercicios esto me ayuda para mantener mi cuerpo y mente en buen estado.
Hoy es jueves y como siempre me encuentro ya lista para ducharme, escucho la puerta principal y sé que es Sebastián quien entra con unas bolsas de papel en su mano derecha mientras con la otra sostiene su celular y continúa su conversación.
―Está bien, sí, ya recibí todo lo que me dijiste, ahora lo revisaré ―hace un pausa y levanta su mirada hacia mí, arquea una de sus cejas y esa sonrisita malvada se muestra en sus labios.
Me hago consiente que solo traigo el pantalón de ejercicio y el top deportivo en mi mano ya que iba camino a la ducha y entiendo su mirada.
―Lo revisare más tarde y te llamaré ―continua ― Recuerda que no estoy disponible esta noche, debes gestionarte por ti mismo hasta mañana, conversamos ahora.
Cuelga la llamada y veo claramente cuando apaga el celular y despreocupadamente lo deja caer en el sofá más cercano y camina con pasos lentos hacia mí y su mirada lo dice todo, así que en la emoción del momento opto por huir escaleras arriba.
Al ver mis intenciones demanda en voz alta: ―No corras, no te atrevas a huir.
Suelto una risita mientras me apresuro escaleras arriba y me muevo rápido en dirección al baño cuando llego trato de cerrar la puerta pero él ya está deteniendo mis intenciones, jadeo por la carrera mientras sigo sonriendo, sus pasos se detienen y ahora mientras los da se va despojándose de su ropa.
―Si hubiese sabido que todos los otros días estaba en casa de esta manera, habría mandado a la mierda todo en el juzgado y corrido tan rápido como me fuera posible hasta aquí, con mi mujer semidesnuda, sudando con ese cabello desordenado que se te ve delicioso y atractivo.
―No estoy todos los días así ―comento de forma burlona.
―Una lástima ―dice mientras sisea su lengua en dentro de su boca ―estaba empezando a verme trabajando en una tienda para tener un horario razonable y poder llegar a casa a tiempo.
―La mayoría de veces estoy totalmente desnuda ―completo y su cara es de total asombro, no esperaba una respuesta de este tipo de mi parte.
Me rio y mientras el quita sus zapatos y pantalón; yo me quito el pantaloncillo deportivo y lo arrojo hacia él que lo atrapa riendo, rápido huyo hacia dentro de la ducha y en pocos segundos siento sus manos atraparme por mi cintura.
―Piensas que puedes huir así, después de provocar a este hombre trabajador, que ha llegado por más de tres días para encontrarte dormida, no me quejo, eres una belleza a la vista durmiendo, sin embargo no puedo mentir en que me gusta mucho más despierta desnuda y entre mis manos.
Sus labios me devoran voraces y termina recostándome de la pared mientras activo la lluvia artificial con el agua tibia. Jadeando se queja pero solo se separa para darle un nuevo recorrido a sus labios e ir deslizándolo en armonía con el agua que se desliza por mi piel.