―Sí lo haces, piensas que mis ganas de matar a cada desgraciado que daña a un inocente está mal y como muchos otros defienden que esos malnacidos son personas que tienen derechos y los ponen sobre las atrocidades que han hecho ―defiende entre dientes y con la respiración agitada visiblemente afectado― entonces solo les dan una condena menor a lo que merecen… ―Y que es lo que merecen, Sebastian ―comento mientras termino mis bocados y tomando la copa bebo del vino. ―La muerte ―enfatiza cada palabra ― merecen morir tan solo por pensar hacer algo que dañe a otro. ―Pero, ¿sería justo ser como ellos que dañan a otros? y aunque esos otros lo merezcan, ¿no sería lo mismo? ―Claro que lo merecen, todo aquel que piense que matar, torturar o simplemente maltratar a un ser sin culpa es posible

