Luego de tener listo ese punto vamos al siguiente que es el de las decoraciones y es más rápido que el anterior, luego elegimos cocteles, pasa bocas, el menú completo, la mantelería como hemos pasado muchas horas sentados siento molestia y al parecer no puedo evitar expresarlo en mi cara ya que de pronto veo a Sebastian levantarse disculpándose delante de nosotras.
―¿Te quieres levantar? ―consulta Astrid una vez que mi amiga va hacia el baño.
―Sí, en realidad me da miedo que me duela como hace unos días; por eso no lo he hecho.
―Tranquila si quieres te ayudo ―la miro y sonrío por su gentileza, pero realmente me da miedo sentir ese dolor de días atrás o el de ayer al pelear con Laura.
―Eso me gustaría.
―Entonces vamos ―dice y se levanta hacia mi lado ― quieres que te ayude a levantarte o tú haces el movimiento.
―Bueno veamos cómo me funciona.
Antes de intentarlo, Sebas, voltea y nota nuestro intento de levantarme por lo que cuelga y camina rápido hasta nosotras.
―Déjenme ayudar ―acota ―sabía que tenías mucho tiempo sentada, vamos voy a levantarte solo déjate mover no pongas resistencia así harás menos presión en la espalda.
―Muy bien, como digas ―Acepto.
―A la cuenta de tres te levantaré deja el cuerpo flojo apenas sientas que te voy a levantar ―se ubica sobre mis piernas con las suyas abiertas de lado a lado me sostiene por debajo de los brazos y me mira sonriendo ―vamos uno, dos ―no llega a tres cuando me levanta por lo que en poco segundos y con molestia manejable me encuentro de pie entre sus brazos que me sostienen evitando que caiga al igual que no colocar todo mi peso de golpe.
―Estas bien, cariño ―me pregunta cerca de mis labios.
―Sí, gracias.
―Bueno, ahora poco a poco te voy a soltar no dejes el peso de golpe sobre tus piernas.
Lo hace me suelta lento y a pesar del dolor puedo manejarlo y entonces me ofrece su mano a la que cruzo le cruzo la mía.
Damos unos pasos suaves y luego volvemos a la mesa para no dejar sola a la organizadora, unos minutos después llega Laura quien viene hablando por teléfono, detrás de ella se acercan nuevamente el personal que armo las mesas, solo que ahora traen en sus manos unos puf en tela de peluche inmensos, todos de color gris claro.
―¿Y eso? ―consulto asombrada ya que son seis inmensos.
―Ah, los mande a traer como son adaptables al cuerpo puedes sentarte o acostarte en ellos así cambias de posición constante sin tener que pararte o lastimarte, no debemos repetir lo de hace un rato, y si quieres caminar unos minutos mas no hay problema sin embargo debemos evitar las superficies duras.
―De acuerdo ―concuerdo y veo como los colocan sobre la grama y unas separadas de las otras pero sin mucha distancia.
―Quieres caminar o podemos continuar ―consulta Laura.
―Estoy bien así, me quedaré de pie unos minutos más.
―Bueno vamos almorzar y luego continuamos, puedes quedarte Astrid o tienes algún otro compromiso ―pregunta amigablemente a la organizadora.
―Puedo, gracias, de hecho solo los atenderé a ustedes el día de hoy.
―Perfecto ―indica Laura y enseguida un desfile de empleados, alrededor de ocho hacen su camino hacia la mesa dejando las fuentes y vajilla en esta, mientras se retiran nuevamente.
―Bueno a comer ―digo porque realmente muero de hambre.
―Puedes servirte y sentarte en el puf estarás más cómoda, de hecho todos podemos hacerlo sino les incomoda comer de esa manera.
―Yo encantada ―acota Astrid.
―Tampoco veo problema, bienvenida la tranquilad y lo natural ya que todo es protocolo es un jodido fastidio ― completa Laura.
―Bueno estando todos de acuerdo entonces sirvamos la comida y disfrutemos.
Las fuentes son destapadas y el rico olor de la comida se esparce por el ambiente, me acerco y tomo un plato para servirme, pero mi prometido tiene otros planes.
―Ven amor, yo lo hago, dime que quieres.
―Sebastian, puedo perfectamente servirme la comida.
―Pero yo quiero hacerlo, consentirte recuerdas ―murmura mientras se acerca a mi oído ― déjame mimarte y darte todo lo que quiero ―sus ojos bonitos brillan llenos de emoción.