―Voy a esperar, pero no mucho, espero que se muevan y no quiero excusas.
―Está bien, Laura, no seas paranoica ―estoy bien fue de haberme lastimado por la caída no tengo ningún otro impedimento.
―Bien, nos vemos ―cuelga y sé que está realmente preocupada y molesta, pero no puedo reprocharle ya que siempre hemos sido las dos aun cuando ella tiene a su familia.
Los besos de Sebas me sacan de mis pensamientos y sonrío al verlo inclinado por completo hacia mí desde mi espalda.
―No debes ir al juzgado ―Consulto extrañada por su presencia semi-vestido aun aquí cuando se vuelve tan frenético por ir.
―Sí, pero esperare que te hagan compañía, cuando llegue Laura me iré y apenas ella diga que se debe ir, me avisas para venir de una para acá.
―Pero no puedes ausentarte por tanto tiempo, nunca lo has hecho.
―Bueno, nunca habías estado convaleciente, así que voy hago lo que debo y la mayoría del resto lo coordinare desde aquí.
―No quiero que te generes problemas.
―No lo haré.
―Muy bien, no tardes entonces.
―Quieres que traiga algo especial para la cena.
―Puede ser comida occidental, de cualquiera estará bien.
―Entonces eso será, me terminaré de vestir y bajaremos para que no hagas tanto esfuerzo.
―De acuerdo ―respondo y no puedo evitar voltear mis ojos por la sobreprotección de Sebas y ni pensar la que me espera ahora que Laura me vea.
Unos minutos después aparece vestido con un traje gris plomo que le queda de maravilla y que me hace suspirar de verdad que este hombre es una recreación para la vista, que me hace sentir lo más valioso en cada segundo y que lo amo con todo lo profundo de mi ser.
Mientras camina hacia mí se coloca su chaqueta y sonríe de lado al ver que lo miro detalladamente; en realidad me lo estoy devorando con la mirada y en los pensamientos, arqueo una ceja al verlo guiñarme un ojo y reír más ampliamente haciendo que se le marquen esos hermosos hoyuelos que lo hacen más sexy y mierda si eso no me pone caliente, además que me acelera el corazón.
―Estoy listo ―comenta al acercase a mí y tomarme en sus brazos darme un beso y elevarme haciéndome gritar en el proceso. ―Tranquila no te dejare caer, pero debo cargarte así para que no tengas mucho dolor.
Entonces elevada en sus brazos que me sostienen un poco más debajo de mis costillas me saca del cuarto y bajamos las escaleras al principio me da un poco de miedo pero él enseguida me hace sentir segura al verlo sonreír con esa confianza que emana por todo su ser.
Cuando llegamos a la planta baja, al área de la recepción, me desliza con cuidado y nuevamente me besa, suspiro al sentir sus cálidos labios sobre los míos mientras su perfume invade mi olfato lo que me hace profundizar el beso.
―No seas cruel ―murmura sobre mis labios mientras mordisquea los mismos ―no puedo amarte por ahora, así que tratemos de mantenernos en control.
―Mmm, si no recuerdo mal, usted señor fiscal es el que inicio el beso y el que anda por allí besándome a cada rato, así que no soy yo la que provoca al otro.
―Entonces me declaro culpable ―me dice y nuevamente vuelve a besarme y esta vez de una manera deliciosa nuestras bocas se deleitan y se pierden en el placer que nos genera besarnos.
El sonido de alguien aclarándose la garganta nos saca de nuestra burbuja de pasión y al girarnos vemos a una Laura con sus brazos cruzados y una de sus cejas arqueada en señal interrogativa.
―Hola, Laura, que bueno que viniste así le haces compañía a Ness mientras vuelvo ―le comenta Sebastián y la nombrada solo voltea los ojos antes de moverse hacia dentro.
―Aja, si la cuidaras bien entonces no estuviera que haber venido sino estaríamos disfrutando de nuestro tiempo ―le reclama mientras lo ve con gesto inquisitivo y no puedo evitar resoplar porque no deja de atacarlo cada vez que lo ve.
―Lau… ―le llamo la atención para que pare y no se extienda, no quiero que aumente el sentimiento de culpa que ya tiene él.
―Sí, sí como tú digas pero que sepas que no me parece que apenas te hayas venido aquí en menos de veinticuatro horas ya estés lastimada, es un absurdo ―reclama y veo la cara de Sebastián tensarse y sé por qué, ya que se empieza a maquinar en su cabeza lo responsable que es y la culpa que lleva en lo que me ha pasado.
―Tienes toda la razón, Laura, soy responsable y también sé muy bien que esto no debió pasar ―le responde con tono serio y pesado.
―Seba, basta ya hablamos fue un accidente, además tu no estabas ni en la casa…
―Y por ello me siento más responsable.
―Ya detente, estábamos de acuerdo que fue un percance fortuito y que no tienes nada que ver en ello ―zanjo con firmeza y me paro frente de él, logrando que me mire fijo a los ojos ―ve hacer lo que debes y no tardes.
―Así haré, ya sabes, Robert viene después de dejarme y luego puede llevar a Laura donde ella quiera ―me abraza y deja un beso en mi frente ―me voy tomate los medicamentos y no te sobre esfuerces, si puedes esperar que yo vuelva para regresar a la habitación seria genial.
―No prometo nada, pero los medicamentos si me los tomare puntual tu tranquilo, ve que aquí te espero ―solo asiente con su cabeza, me deja un beso en los labios y se gira para despedirse de Laura.
―Gracias, Laura por venir, estás en tu casa y cualquier cosa no dudes en llamarme.
―Ajá, gracias ―murmura entre dientes y lo mira entrecerrando los ojos cuando este se gira para irse.
―Que bien, Laura, se supone que eres mi amiga, mi hermana y siempre haces lo mismo ―reclamo mientras me encamino hacia el jardín donde está la piscina.
Hace un día maravilloso y un sol divino, así que decido sentarme cerca de la piscina en una de las sillas tumbona, mientras una sombrilla nos da algo de sombra.
Apenas me acerco, hago un gran esfuerzo para sentarme y Laura me ayuda a colocarme de una buena manera, quedando medio inclinada aliviando la presión sobre la parte golpeada.
―Es genial ―bufo ―no puedo creer que siempre hagas esto, Laura.
―Que hice yo ―pregunta con voz chillona.
―Siempre es lo mismo, Laura, no puedes cada vez que nos vemos y esta Sebastián tratarlo como lo peor.
―Lo es ―me interrumpe altanera.
―Laura ―le llamo la atención porque de verdad me harta que sea tan infantil ―Basta, sé que él puede no gustarte a ti y que piensas que es lo peor sin embargo eso no te da derecho de cada vez que lo ves insultarlo, menospreciarlo o incluso como hoy culparlo y es que hasta lo amenazas, Laura, sabes lo que puede pasar si alguien te escuchará amenazando a un fiscal del estado.
―Me vale madres, él es responsable de ti ―responde mientras se levanta de donde se había sentado con anterioridad.