―Laura ―grito y esto hace que se calle y también que Sebas que está a medio camino de la salida del baño se gire mirando extrañado.
Le hago seña con la mano para que continúe en lo suyo mientras tapo el celular con la mano para que no se escuche los reclamos de Laura, juro que la amo pero a veces en casos como estos me provoca ahorcarla, además que no entiendo todo ese odio que siente por mi futuro esposo si en cierta manera sus defectos no solo pueden definir lo que es.
―Necesito que me escuches y que cierres esa bonita boca porque ahora si necesitas cirugía en ella si sigues con tanta estupidez déjame hablar ―declaro con voz firme y la oigo resoplar y rezongar.
―Bueno, escucho pero que sepas desde ya estoy buscando mi auto para ir hasta allá, no me importa lo que me digas voy a verte y si no lo logro me van a escuchar hasta en la china…
―Y no lo dudo, sin embargo no es necesario que haga eso, lo cierto es que anoche, antes de que Sebastián llegara ―aclaro evitando otro de sus ataques― fui a su oficina de aquí en la casa y sin verlo tropecé con unos de los seguridad, por lo que rebote y caí mal, al parecer tengo lastimado el coxis y por eso no puedo salir de la casa, ahora estas contenta.
―No te me hagas la graciosa mándame la dirección que no quiero esperar.
―Está bien te enviaré la dirección ―las manos de Sebastián se cruzan por mi cintura y su cabeza reposa sobre mi hombro contrario de donde sostengo el teléfono.
―Dile que espere que Robert la buscará, es mejor así llegará segura y rápido ―asiento con la cabeza y me muevo un poco para verlo, pero lo que siento es un beso corto en mis labios.
―Laura, espera allí en el spa enviáremos a Robert para que te guie hasta aquí ―Indico mientras siento los pequeños besos que va dejando mi prometido en mi cuello.