Mael no estaba recibiendo mensajes de Asier desde hace dos días, y aunque aprovechaba eso para estar en paz, lo extrañaba, solo un poquito, claro. Él sí que era sofocante, por la noche o tarde no podía estudiar o hacer otra cosa ya que su celular vibraba permanentemente, pero tenía que admitir que le dio un poco de ternura que le haya dicho que dejará de molestarlo cuando sea su princesa. Asier era un tonto pero un tonto lindo.
Después de la clase de literatura, Mael decidió buscarlo, ya que tampoco lo vio ahí y esa era una de las clases que compartían.
Para: Orfeo.
Mensaje enviado a las 09:15 a.m.
“¿Has visto a Asier? Necesito hablar con él.”
Orfeo.
Mensaje recibido a las 09:16
“Lo vi sentado en un árbol fuera del edificio donde dan las clases de literatura. ¿Tú necesitarloooo? ¿Para qué?”
Comprobó que lo que su amigo decía era verdad cuando salió del edificio donde había tomado la clase de literatura. Asier estaba sentado escribiendo algo en un cuaderno, tenía los auriculares puestos, por lo que tuvo que acercarse para llamar su atención; cuando lo hizo, el de rizos lo ignoró. Con una mueca Mael se sentó frente a él y le sacó los auriculares abruptamente.
— ¿Qué haces? —Su tono de voz era fuerte, Mael pudo ver su ceño fruncido cuando Asier levantó la cabeza para verlo.
—Te quería pedir perdón, aunque tú no tienes por qué enojarte. —Puso los ojos en blanco, mientras suspiraba. —Ya ni me molestas y eso seguramente es grave, aparte de que hoy no fuiste a clases de literatura. — Mael bufó al ver como el rizado sonreía ampliamente, esté no podía creer lo que escuchaba, su bebé lo notaba.
— ¿Cómo que no tendría que haberme enojado? —Asier frunció el ceño, a la vez que tomaba la camisa de Mael y tiraba de éste, así logró que el castaño cayera encima de él, soltando un quejido. —Eres mío. —Asier antes de que el otro se alejara molesto, como siempre hacía, le dejó un fugaz beso en los labios, aunque fue más como un simple roce.
Mael con fuerza se hizo para atrás, estaba algo nervioso y muy molesto, se sentó en el césped, donde estaba unos segundos antes. —Dios, eres insufrible. —Se levantó rápidamente, limpiando la parte trasera de su pantalón. Antes de alejarse, el castaño se dio vuelta y lo señaló con el ceño fruncido—Y no soy tuyo.
Indignado con el rizado, Mael se dirigió hasta el salón donde iba a tener su próxima clase, no podía creer que se había rebajado para pedirle disculpas a Asier Rankee, él ni siquiera tenía derecho a molestarse porque él estuviera iniciando una relación con otra persona.
Más tarde, cuando llegó a su casa, su teléfono vibró como 15 minutos seguidos por causa de Asier. Mael no volvería a hablarle.