Me quedé allí, mirando a Samuel, sintiendo un golpe en el pecho. No podía creer lo que estaba escuchando. —¿Qué? —pregunté, mi voz temblando—. ¿Paul murió? No, no. No puede ser, acabo de hablar con el —Empiezo a temblar y Samuel baja su cabeza— ¿Murió? Samuel asintió, sus ojos rojos de lágrimas. —Sí —dijo él, su voz llena de tristeza—. Lo encontraron cerca del lago, donde siempre iba a sentarse. Estaba solo, con una flor blanca en la mano. Me sentí un nudo en la garganta, sintiendo una oleada de dolor y tristeza. Paul, mi amigo, mi compañero, mi confidente. No podía creer que se hubiera ido. —¿Cómo? —pregunté, mi voz llena de desesperación. —Lo siento pero no puedo creerte, No puedo.. ¿Por que me dices eso? El... El noo, dime que mientes, Samuel negó con la cabeza. —Lo siento, se q

