Los días pasaron y Valery seguía acostada en la habitación del hospital, su mente aún atrapada en el mundo que había creado. La enfermera entraba y salía, trayendo medicamentos y comida, pero Valery apenas se daba cuenta. Los sueños dejaron de aparecer y Valery sufría en silencio Un día, la puerta de la habitación se abrió de golpe, y un hombre alto y delgado entró con una sonrisa en su rostro. Valery se sentó de un salto, su corazón latiendo con fuerza. —¡Cael!— gritó, su voz llena de miedo Pero el hombre se detuvo en seco, su sonrisa desvaneciéndose. Mientras se acercaba a ella —No, no soy Cael— dijo, su voz suave—. Soy Mario, que linda eres, debes de saber dulce –Dijo el hombre— Valery se quedó mirándolo con terror, —No, aléjate de mi.. ¡No me toques! ¡Ayuda!— grito pero nadie l

