Un mes después, el castillo era un caos. Los lamentos de Valery retumbaban en cada rincón, y el aire estaba cargado de tensión. Samuel, que había permanecido alejado de Valery durante mucho tiempo, se acercó a ella con una expresión de preocupación en su rostro. Valery estaba acostada en su cama, rodeada de cojines y mantas, con su amiga Andrea a su lado. Samuel se detuvo en la puerta y dijo: —Ya llamé a la comadrona para que te atienda— Valery no respondió, simplemente siguió gimiendo y retorciéndose de dolor. Andrea la miró con preocupación y luego se volvió hacia Samuel, pero no dijo nada. De repente, Cedric apareció en la habitación, su presencia silenciosa y calmada. Samuel ni siquiera se dignó a mirarlo, pero Cedric no pareció notarlo. Se acercó a Valery y le colocó paños húmedos

