CAPÍTULO DIECIOCHO (RACHEL Y UWE)

1917 Palabras

El resto de la tarde me quedé encerrada en mi oficina, con el corazón bastante triste. Qué jodido era todo. Uwe pasó a buscarme para la clase de cocina y a pesar de que lo hizo sin avisar, verlo me subía bastante el ánimo. Me saludó con un beso en la mejilla y yo lo miré extrañada. —¿Un beso en la mejilla? —Estamos en tu trabajo y he decidido respetarlo para que llevemos las cosas en paz. —¿Lo dice el que vino sin avisar? —pregunté con media sonrisa. Él empezó a reír. —Nada puede ser perfecto, Artemisa. Bueno, mis músculos sí —dijo dando un beso a su bíceps. Me uní a su risa, mientras negaba y esta vez fui yo quien lo besó. —¿Y ese beso? Pensé que, por cómo me había comportado, no me darías otro beso en tu vida —sonreí. —¡Qué exagerado! Cuando viniste con las flores, te saludé con un

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