El Asesino del Estambre n***o

1025 Palabras
Las furcias y la morena se sumieron en un deleite absoluto, adueñándose del ambiente y tejiendo un clima cargado de energía lujuriosa. A pesar de las risas contagiosas, los bailes enérgicos, las bocanadas de humo y notas de canciones entonadas con pasión, yo quedaba sumergido en pensamientos sobre Tatiana. De pronto, la rubia dejó caer su vestido y con destreza, Jasón la acomodó de forma deliberada sobre la barra del minibar, explorando su figura con besos apasionados que desencadenaban en temblores y gemidos irresistibles. Cada caricia sobre su piel generaba estremecimientos y movimientos sinuosos, especialmente cuando le brindaba mordisquitos delicados en la cadera. La intensidad ascendía mientras él jugueteaba con sus senos y acariciaba sus pezones, elevando aún más las oleadas de placer que la invadían. “¡Ay, ay, qué rico!” exclamaba la rubia. Tomé a la morena por la cintura y la guié hacia una acogedora esquina junto a la chimenea. Mientras bailaba, me observaba con un brillo de aprobación y deseo en sus ojos. —Disculpa, ¿cómo te llamas? —le pregunté directamente al oído, debido a la música y el bullicio del lugar. —Tatiana —respondió. —¿Qué…? —pregunté, sorprendido. —Claudia —dijo. Me sacudí la cabeza y me di una palmada, sintiéndome como si estuviera alucinando. —Siento como si estuviera perdiendo el control de mi mente… ¿Qué me está sucediendo? —le comenté, con preocupación en mi voz. —Creo que tienes razón, bésame —suplicó. Claudia se relajó y me besó, un apasionado beso que persistió durante un minuto, antes de apartarse. —Deseo un poco de ese polvo rosa, cariño. Vamos por más —me dijo, tomando mi mano y guiándome hacia la barra. Jasón ya había esparcido una generosa cantidad de tusi sobre el vientre de la rubia recostada. Estaba organizando cinco líneas, mientras la chica de cabello oscuro se preparaba para verter una botella de whisky en la boca de la rubia y luego en sus tetas. —¡Cuidado! —Advirtió Jasón enojado dirigiendo su mirada hacia la peli negra. —¡Vas a desperdiciar el polvo perra! —Exclamó con ira. Claudia adoptó su posición para inhalar y Alex la agarró de las caderas. —¡Idiota! —exclamó Claudia con furia, lanzándole el reproche a Alex antes de tomar aliento. —Estoy con él. —Hizo un gesto hacia mí, lo que me hizo sentir incómodo. Decidí alejarme y me encaminé hacia la sala, donde me dejé caer en un asiento. “Tatiana, mi amor, ¿dónde te has metido? Esto no está bien”, reflexioné con ansiedad. Claudia tomó asiento a mi lado y me besó, su aliento tenía un amargo rastro de químicos, licor y cigarrillos. A pesar de sentir cierta repulsión, seguí besándola mientras ella colocaba mi mano en su pierna. Mis dedos acariciaron suavemente, trazando el contorno de sus muslos, y un leve suspiro escapó de ella. —Siento un anhelo aún más profundo. —Exclamó Claudia, incorporándose sin tomar tiempo para ajustar su falda. En esta ocasión, fue Jasón quien la detuvo, sujetándola por las caderas mientras inhalaba; aunque ella demostró sentirse desconcertada, no pronunció palabra y se apartó suavemente. Mi mente volvió a Tatiana. —¿Todo está bien? Percibo tu inquietud. —Claudia retornó, deslizando su mano hacia mi pene y exhibiendo las tetas que puso frente a mi rostro. —Estoy bien. —Aclaré, apartándola con delicadeza. —Necesito un momento a solas. — Claudia se levantó indignada y se encaminó. Yo me incorporé del mueble y ascendí las escaleras hacia la habitación principal. Tomé asiento en la cama, sumergiéndome en mis pensamientos acerca de Tatiana. Fue entonces cuando Claudia irrumpió en escena, claramente influenciada por el polvo y el alcohol, despojándose repentinamente de su vestido. “Papacito, cógeme duro,” imploraba con voz suplicante. Tomé su cintura y nuestras bocas se unieron en un beso, mientras ella se acomodaba en mi regazo y comenzaba a moverse con gracia. “Esto es tan delicioso.” Murmuraba entre susurros y gemidos. Aunque carecía por completo de cualquier deseo s****l, negué con la cabeza y me di una bofetada, luchando contra dicha carencia. —Sin duda, estás completamente desquiciado. Vamos, quítate esos pantalones. ¿Qué tienes ahí? —Claudia habló mientras forcejeaba con el cinturón. Deslicé los pantalones y el boxer, pero mi hombría yacía inerte, flácida, débil. Laura lo contempló con desilusión, aunque no se rindió; comenzó a acariciarlo y besarlo, pero yo permanecía insensible. Finalmente, reaccioné y la aparté con determinación. —No quiero hacer esto. —Le expresé con firmeza. —¡A la mierda! —Respondió. Vacío lo que le quedaba del trago sobre mí y se marchó. —Me voy a coger al moreno. —Gritó desde la puerta. —Esta bien. —Le dije. Giró su cuerpo rápidamente sacudiendo su cabello indignada. Volví a centrarme en mis pensamientos. Apareció Alex. —Amigo, te estás perdiendo toda la fiesta. Las chicas ya se quitaron la ropa y están enloquecidas, rogando por tu atención. Jasón se fue con tu chica, espero que no te importe; ya sabes cómo son las cosas. —No te inquietes por eso, camarada. Deja que disfruten, luego bajo para unirme a la diversión. —Oye, ¿has oído hablar del asesino en las noticias? —preguntó Alex mientras se preparaba para salir. —¿Qué asesino? —Alex se giró y me miró, intrigado. —Hermano, hay un asesino en serie suelto. Ha cometido actos terribles con cinco chicas, violaciones y descuartizamientos. Parece que está dirigiéndose a Webcamers y Escorts. —¿Webcamers? ¡Dios mío, Alex! ¡Leidy! Necesito irme. —¿Por qué, hermano? —Mi ex novia es Webcamer. —¡Caramba! Te acompaño. —De acuerdo. Y… ¿sabes quién es ese asesino? —Búscalo en Google, lo llaman el asesino del estambre n***o. —¿Estambre n***o? ¿Qué significa eso? —No estoy seguro, al parecer el desgraciado siempre coloca una bolita de estambre n***o junto a los cadáveres de sus víctimas. —¡Necesito salir de aquí! —Exclamé, lleno de angustia.
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