Los Salvadores

1222 Palabras
Me encontraba en la sala de espera de la clínica San Juan de Dios, preocupado por el delicado estado de Tatiana. Parece ser que había consumido una peligrosa cantidad de escopolamina, un potente alcaloide tropánico con efectos alucinógenos que pueden ser letales. El doctor me miró y preguntó, "¿Es usted familiar de la señorita Tatiana?" a lo que respondí, "Soy un amigo". El médico informó que la paciente estaba en condición estable, pero que necesitábamos aguardar los resultados de los exámenes psiquiátricos y psicosomáticos. Además, advirtió que la dosis de la droga ingerida era alta según los estudios de laboratorio, por lo que aconsejaba evitar perturbar su tranquilidad por el momento.—Bien, esperaré. —Está bien. — Justo en ese momento, el teléfono comenzó a sonar. —Aló. —Respondí, esperando la voz del otro lado. —Malachi, ¿cómo estás? —Saludó la voz al otro lado. —¿Abrahán? —Pregunté, tratando de identificar al interlocutor. —Sí, soy yo, Abrahán. —Abrahán, mi hermano, ¿hay novedades? —Mi voz denotaba expectación. —¡Sí, las hay! El libro... —Pero lo interrumpí. —Espera un momento. Estoy en la clínica San Juan de Dios. Toma un taxi y ven aquí. Prefiero hablar en persona. —Está bien. —Dijo Abrahán antes de colgar. Luego llamé a Carlos. —Malachi, cuéntame, ¿cómo está Tatiana? —Carlos estaba ansioso por saber. Le expliqué lo mismo que me había comunicado el doctor. —No te preocupes, Malachi. Estoy en camino. —Anunció Carlos, decidido. —Perfecto. —Asentí antes de finalizar la llamada. Mientras aguardaba la llegada de los chicos, me sumergí en profundos pensamientos acerca de la perturbadora nota que el asesino había dejado en la casa de Carlos. "Un Carlos, dos huevos; un Malachi, dos ojos; un perro, dos colmillos; una Tatiana, una esperanza. La esperanza será doblegada, mutando en venganza". Me di cuenta de que la conexión entre el asesino del estambre y la droga que había consumido Tatiana era evidente; esta sustancia la habría sometido, transformándola al mismo tiempo en un instrumento de venganza. Sin embargo, había un enigma por resolver: ¿A qué se refería con "la esperanza"? Era palpable que este individuo siniestro de alguna manera estaba al tanto de cuestiones financieras. Llegué incluso a considerar la idea de recoger lo que quedaba de mi parte y entregárselo; ya me encontraba exhausto. Todo este asunto solo había generado problemas, y anhelaba la serenidad a la que estaba acostumbrado. —¡Malachi! —Carlos apareció de repente y me abrazó, seguido de un firme apretón de manos. —¿Dónde está Tatiana? —Inquirió, su mirada reflejando tristeza. —Está en la habitación, pero el médico ha insistido en que no debemos entrar. —¿Crees que el asesino tenga algo que ver en esto? —No lo sé. —Mi respuesta fue sincera. En ese momento, se unió a nosotros Abrahán. —Buenos días, caballeros. —Saludó cortésmente. —Carlos, él es Abrahán, el amigo del que te hablé. —Hice las presentaciones. —Un placer conocerte. ¿Les gustaría tomar un café? —Propuso Carlos. Al acomodarnos en una de las mesas de la cafetería, Abrahán extrajo cuidadosamente el libro rojo de su bolso y lo depositó sobre la superficie. La mirada de Carlos se fijó en el libro y, con un gesto angustiado, dirigió sus ojos hacia Abrahán. Luego, tomamos asiento. —El manuscrito es un antiguo libro, un misterioso tesoro de la época renacentista. Abrahán nos lleva a través de su enigmática historia. Escrito en latín, su autoría permanece en las sombras, y a pesar de tener múltiples réplicas en todo el globo, se estima que existen alrededor de tres mil copias. Entre ellas, una se exhibe en un museo cultural italiano. Su contenido es un intrigante tratado pseudoreligioso, arraigado en las enseñanzas de Hermes, con elementos cristianos añadidos sutilmente. Pero más allá de su contenido, esta obra esconde una narrativa cautivadora. En aquel tiempo, una enigmática orden de asesinos autodenominada los "Salvadores" emergió. Estos individuos abrazaron fervientemente las doctrinas del libro, convencidos de su autoridad para purificar el mundo del pecado, erradicando a aquellos a quienes tachaban de injustos. Prostitutas, ladrones, ambiciosos y demás caían víctimas de su juicio, como parte de su misión de limpieza social.—¿Entonces el libro es una advertencia? —Peguntó Carlos. Abrahán lo observó con decidía. —Es cuanto tengo en mi conocimiento. —Respondió con certeza. —¿Dónde se encuentra resguardado el dinero de Tatiana? —Interrogué a Carlos con atención. —En mi hogar. Parte de él fue retirado ayer. —Bien, sin más preámbulos... Me retiro, tengo una reunión en la Casa de la Cultura. —Carlos extrajo quinientos dólares de su bolsillo, ofreciéndolos a Abrahán. Este los pasó por alto, despidiéndose con un gesto de mano antes de marcharse. —Agradezco tu colaboración, amigo. —Le expresé con gratitud. —Malachi, acompáñame a mi casa, tengo un plan. —Propuso Carlos. Partimos de inmediato. —Malachi, creo que este libro es la clave para entender lo que está sucediendo. El asesino del estambre parece estar buscando algo relacionado con él, algo que Tatiana o yo podríamos tener o saber. De lo contrario, no tendría sentido que nos persiga de esta manera. —Comentó Carlos mientras calentaba el motor del coche. Asentí con solemnidad. La situación se volvía cada vez más compleja, y necesitábamos respuestas. Carlos abrió el libro y comenzó a hojearlo, buscando pistas ocultas en sus páginas. Abrahán había mencionado que este manuscrito estaba relacionado con una enigmática orden de asesinos del pasado. Tal vez había alguna conexión entre ellos y el asesino del estambre. Mientras Carlos investigaba el libro, tomé mi teléfono y comencé a buscar información sobre la orden de los “Salvadores”. Aunque no encontré mucho, algunos fragmentos de información sugerían que eran una sociedad secreta obsesionada con purificar la sociedad de la corrupción y el pecado. Sin embargo, su modus operandi era oscuro y misterioso. De pronto, Carlos exclamó: "¡Malachi, echa un vistazo a esto!" y señaló una página del libro que hacía referencia a un antiguo símbolo que los "Salvadores" solían utilizar como firma en sus rituales de asesinato. Este símbolo consistía en una inquietante esfera negra elaborada con alambre enrollado, sorprendentemente similar a la bola de estambre que encontramos en la casa de Carlos. —¿Crees que el asesino está relacionado con esta antigua orden? —pregunté, con los nervios a flor de piel. Carlos asintió. —Es muy posible. Esto explicaría su obsesión con nosotros y la búsqueda del libro. Pero todavía no comprendo qué significa “la esperanza será doblegada, mutando en venganza”. Debe haber algo en este libro que nos dé una pista. Dedicamos varios minutos a investigar el libro en busca de respuestas, pero las páginas escritas en latín y su contenido enigmático complicaban nuestra tarea. Las palabras parecían cifradas en un lenguaje ancestral que se resistía a revelar sus secretos. Frustrados y con la sensación de haber llegado a un punto muerto, finalmente optamos por cerrar el libro y dejar de darle vueltas al asunto, al menos por el momento. Sabíamos que este misterio aún acechaba en las sombras, esperando su momento adecuado para ser desvelado.
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