“Mi corazón aun late por deber, obligado por esos sentimientos que creí innecesarios los que me alejan de la razón, soy una sombra de carne y hueso.” —Charlotte Archer.
POV. Charlotte.
Por primera vez en años nada ha perturbado mi sueño, solo en estas circunstancias la oscuridad del vacío me ha hecho descansar, me siento ligera por algunos segundos mi culpa se desvanece, abro mis ojos convencida de que lo veré a mi lado, allí mi burbuja se rompe al verme completamente sola, frunzo el ceño recorriendo de arriba abajo la habitación sin señales de Axel, el muy imbécil se ha largado mientras dormía después de decirme que se quedaría conmigo, no puedo creer que le creí en primer lugar.
— ¿Por qué dejé que pasará de todas formas? —Me recrimino en voz alta haciendo memoria a uno de mis momentos más patéticos, creo que cada día voy dejando el listón más en alto.
Enfadada decido salir de la cama, afortunadamente no necesito ayuda para maniobrar la manguera que me han colocado a fuerza sobre la mano, me sirvo del tubo de metal que lo sostiene para salir de la cama, mis piernas se sienten débiles, pero no lo suficientes para impedirme caminar, salgo de la habitación en busca de la recepción, exigiré que firmen mi salida, no soporto un segundo más en este lugar, camino sin prisa detallando a cada una de las personas con las que me cruzo , giro por varios pasillos negándome a darme por pérdida, esté lugar es un laberinto , giro en el siguiente pasillo a la derecha encontrándome con una desagradable sorpresa, al final del pasillo se encuentra Mara vestida de forma casual sostiene un ramo de flores, sin pensarlo dos veces me giro en dirección opuesta echando a correr tan rápido como las estúpidas pantuflas me permiten, no me fijo hacia donde voy solo no me detengo hasta que alguien me toma del brazo.
— Tienes prohibido correr ¿A dónde crees que vas? —Oír su voz ha sido como una bocanada de aire para un asmático en plena crisis, me ha hecho sentir aliviada por algunos segundos, lastimosamente mi rostro no consigue una expresión tan gentil.
—Solo aparta—Ordenó con enfado empujándolo hacia atrás, intento zafarme pero su enorme cuerpo no me hace el trabajo sencillo por lo que utilizo mi mirada para intimidarlo, pero adivinen que, no he conseguido ganar terreno.
—No puedes irte por allí así, no estás bien—Me sermonea sin cederme el paso para poder salir del pasillo, no tengo tiempo para esto, necesito salir de aquí, no me toparé con ella de nuevo.
—Puedes solo callarte y hacerte a un lado—Pido con ira, llena de desesperación, la cual el no parece comprender, no necesito que lo haga, solo debe hacerse a un lado y eso es todo.
— ¿Por qué rayos estás a la defensiva? —Su pregunta me saca de quicio al ver que solo me retiene dándole tiempo a ella para que me encuentre, cosa que no pienso permitir.
— ¿Acaso no puedes darte cuenta que no necesito esto ahora? Solo me estorbas—Llegados a este punto lo que pudiera sentir me daba exactamente igual, solo quiero salir corriendo de este infernal hospital, un minuto más y estoy segura que terminaré en el manicomio.
—Pues te jodes—Ha dicho inclinándose muy cerca de mi rostro tomándome del brazo con fuerza me arrastra por varios pasillos hasta encontrarnos de vuelta a ¡mi habitación!, ¿Era esto posible? Por mucho que he intentado soltarme ha sido en vano, pero mi asombro no disminuye cuando me ha “obligado” a volver a la cama, aparentemente piensa que me irracional comportamiento ha sido porque quería largarme del recinto, cosa que no está del todo equivocada— ¿En que estabas pensando? No puedes irte.
— ¿Quién dice que no puedo? —Pregunto mostrándome bastante enfada por su comportamiento de hace un momento, me siento sobre la cama dispuesta a darle pelea.
—Lo mejor es que descanse hasta estar seguros de que ha sido una falsa alarma—Interviene Donovan entrando en la habitación marcando un tiempo muerto entre nosotros, lo miro sin bajarle un poco a mi enfado no es que me intimide.
—Lo es, ¿puedo irme? —Pregunto de manera contundente mirando directamente a los ojos a Donovan, ese payaso no deja de sonreír sin importar lo que ocurra, es un hipócrita.
—Estoy obligado hacerte una radiografía, por eso he venido—Su voz tan neutral es escalofriante, sé que no me dejará salir de aquí si no lo hago, así que sin mucho más asiento, salgo de la cama pero cuando se acerca para enrollar su brazo alrededor del mío lo aparto.
—No me toques, puedo caminar sola—Lo repeló sacudiéndome tal y como si su manos fueran veneno, y lo son, camino sin mucho más dejando a Axel en la habitación, odio estos insípidos pasillos blancos, lo sigo hasta que me pide tumbarme sobre la cama de metal cierro los ojos, y lo que tal vez fueron algunos segundos me parecen años.
—Hemos terminado—Me anuncia volviendo a estar a mi lado, me incorporo palmeando su mano cuando intenta ayudarme a levantar termino haciéndolo por mi cuenta, estar acerca de él me produce repulsión—Me alegra ver que has hecho un nuevo amigo.
—Sí esto es todo me iré—Ignoro su comentario caminado hacia la puerta.
—De no ser por él estoy seguro que no habrías venido—Continua diciendo como si nada, lo sutil de sus palabras me hace recordar y no puedo evitar sonreír con ironía, vaya no se da por vencido.
—Estoy segura de que fuiste tú quien le dijo dónde encontrarme—Aseguro dándome la vuelta para encararlo, sé perfectamente que ese dos engendros son inseparables, su sonrisa no hace más que crecer mientras sus ojos café se mantienen inexpresivos, eso me irrita.
—Nos preocupamos por ti, eso hacen los amigos ¿No? —Se le ocurre soltar ese despreciable discurso, no puedo creer que aun piense que puede engañarme, su descaro no tiene límites.
—No me junto con hipócritas y mucho menos los considero mis amigos—Le dejo en claro volviendo a darle la espalda camino hasta tomar el pomo de la puerta, me sobresalto cuando siento su mano sobre mi hombro.
—Nunca quisimos hacerte sufrir—Se atreve a afirmar el imbécil, palmeo su mano mirándolo con tanto odio que retrocedió al instante, me parece absurdo que aún lo niegue.
—Vuelves a ponerme una mano encima y te arrepentirás—Le amenazo y con ello salgo de la habitación caminando tan deprisa que mis piernas se acalambran, al abrir la puerta de mi habitación lo primero que veo son sus ojos, ese brillo me es difícil de ignorar, aparto la mirada al sentir como mi estómago se estremece, mi respiración es un caos y no sé si culpar solo al esfuerzo de casi correr hasta aquí.
— ¿Todo bien? — Pregunta, y no sé qué contestar, hay muchas cosas que están mal conmigo, que no sé cuál de ellas le abra llamado la atención especialmente—Parece que volviste a correr.
—Odio este lugar—Admito sin mirarlo, sentándome sobre la cama, tratando de recuperar el aliento.
— ¿Me dirás por qué? —Cuestiona sentándose en el pequeño sillón delante de mí buscando mis ojos.
—No tengo porque estar aquí no estoy enferma—Mi respuesta aunque para él ambigua, encierra todo lo que quiero decirle.
—Tuviste una caída, solo ten algo de paciencia—Su calma no me hace sentir mejor, pero tampoco me hunde más, pensé cambiar el tema cuando la puerta se abre, me pongo en alerta al pensar que puede ser una de esas serpientes.
—Buenas tardes, Srta. Charlotte él Dr. Donovan ha firmado su ficha de salida—Anuncia la enfermera que ha entrado a la habitación, no cambia como me siento con respecto a él, pero agradezco que no me hiciera perder el tiempo, me pregunto qué ha pasado con ella—Todo parce estar en orden, así que puede irse.
—No necesita decirlo dos veces, gracias— Respondo con cortesía poniéndome de pie, ella asiente y se va yo estoy a punto de seguirla cuando Axel me toma del brazo, lo miro desconcertada—Ya la has oído, suelta.
— ¿Piensas salir vestida así? —Pregunta con reproche, haciéndome bajar la mirada hacia la bata azul que cubre mi cuerpo y esas desagradables pantuflas color beige, lo había olvidado, vuelvo a mirarlo como diciendo que propone, la verdad solo él sabe donde ha terminado la ropa que llevaba puesta— Toma ponte esto.
— ¿De dónde lo sacaste? —Pregunto al revisar la bolsa que me ha tendido, donde convenientemente hay una muda de ropa, justo de mi talla, él se muestra perspicaz como si hubiera preguntado algo incómodo para él.
—La compré está mañana, esa pijama tuya solo eran harapos—Me dice asiéndose el listo al criticar mi pijama, es cierto que tenía algunos hoyos pero que importa era cómoda, lo miro con cara de pocos amigos haciéndole ver que su comentario no es de mi agrado—así querías vestirme como un maniquí con esos zapatos italianos.
—Realmente no esperaba que apreciaras ese conjunto tan elegante—Comento de vuelta arqueando una de mis cejas, Axel tuerce una sonrisa negando con la cabeza, muevo mis manos haciéndole ver que debe irse para que pueda cambiarme, él lo entiende, lo veo meterse las mano a los bolsillos y salir de la habitación, realmente podría haberme cambiado en el baño, pero es divertido tener el control, saco el conjunto de la bolsa extendiéndolo sobre la cama haciendo que mi corazón sienta un pinchazo al ver lo que tiene escrito la blusa blanca “Eres especial” , considero la probabilidad de que haya sido a propósito, descarto esa idea de momento, es solo una frase no creo que sea tan astuto, termino de ponerme los jean dejando la blusa para el final, no puedo evitar mirar la frase una vez más cuando la tengo puesta, es absurdo pensar que sabría cómo me sentiría al verla, sacudo la cabeza recobrando vagamente la compostura, no perderé más el tiempo en este lugar, pienso saliendo de la habitación encontrando a Axel apoyado sobre la pared al lado de la puerta.
—Tengo un ojo excelente—Bromea mirándome de arriba abajo sin disimulo, yo hago lo mismo de forma despectiva haciendo ver que el conjunto no es la gran cosa.
—Eres un resentido—Le reprocho recordando que yo le había dicho lo contrario hace poco, es sorpréndete ver que no perdió oportunidad para darle la vuelta.
—Para nada, solo tengo una memoria infalible—No deja de mostrarse altanero y por alguna razón eso me hace sonreír, niego con la cabeza, comenzamos a recorrer los pasillos que nos llevarán a la salida y no puedo evitar estar a la expectativa, mis ojos recorren el lugar como si quisiera memorizarlo— ¿Huyes de alguien?
— ¿De quién lo haría? — Evito su pregunta sabiendo que no quedará satisfecho con la respuesta, le temo a su insaciable curiosidad y él lo sabe, eso parece gustarle.
—Eso me gustaría saber, ¿Huyes del doctor? —Su astuta pero incorrecta conclusión llego justo cuando nos encontramos cruzando las puertas del hospital, desvió la mirada, no quiero tener que aclarar el asunto.
—No me llevo bien con los doctores, ¿Contento? —Lanzo una excusa bastante mediocre, es posible que no lo crea, no parece fácil de convencer, no le dejó tiempo de que lo piense continuo caminando sin importar si me sigue, es casi medio día y no estoy dispuesta a fingir simpatía, casi puedo oír sus murmullos.
— ¿A dónde vas? — Pregunta caminado a mi lado, pongo los ojos en blanco ante su estúpida pregunta.
—A casa —Me limito a decir tomando una pequeña desviación solitaria que me ayudará a no toparme con nadie, no vuelve a abrir la boca en todo el camino y eso me hace pensar que hice para callarlo y que debo volver a usarlo, al estar delante de mi puerta me giro encarándolo—Tú compañía se acabó, quiero descansar.
—No estoy del todo de acuerdo, me debes una por lo de anoche—Asegura dando un paso más hacia mí, retrocedo recobrando la distancia cruzándome de brazos sorprendida al ver que se atreve a restregarme este “favor”.
—No te pedí que me ayudarás—Aclaro dándole la espalda abriendo la puerta de mi casa con furia, esperando que entienda el mensaje y se marché.
—No podías negarte de todos modos—Responde el muy cínico colocando su mano sobre la mía, esa que convenientemente hace que ahora ambos sostengamos la puerta, no le doy camino libre sostengo con fuerza la entrada impidiendo que pueda colarse dentro—Podemos pasar todo el día jugando a esto.
— ¿Te crees que es divertido? —Cuestiono enfadada.
—Oh vaya, que es entretenido—Asegura inclinándose sobre mí, sus ojos descienden a mis labios, acorta la distancia tanto que puedo sentir su aliento sobre mi boca, retrocedo nerviosa dejando el camino libre, Axel no pierde tiempo y entra dejándome boquiabierta con su truco.
—Eres un tramposo —Chillo entrando de una vez a casa, Axel no parece importarle mi disgusto se pone cómodo en el sofá cruzando sus brazos por detrás de su cabeza, eso es todo, cargo hacia él sobrepasada por su atrevimiento— ¿acaso no me oyes?
—Fuerte y claro, pero no dices lo que me gustaría oír—Aclara incorporándose mirándome a los ojos, su mirada es intensa, como si estuviera siento interrogada, me hace sentir nerviosa.
— ¿A qué te refi…?—Intento cuestionar cuando mi visión se distorsiona, me tambaleo, estoy a punto de tropezar con uno de los adornos cuando Axel me sostiene, su perfume cítrico es delicioso, tanto que tenerle cerca no me molesta, sus brazos me sirven de soporte realmente no me siento capaz de mantenerme en pie.
—Hey, ¿Qué te pasa? —Pregunta desconcertado ayudándome a no caer.
—Nada, estoy bien—Digo tratando de estabilizarme pero mis ojos no parecen estar bien.
—Pues no lo parece—Niega ayudándome a sentar en el sofá, mi cabeza retumba, no creo ser capaz de dar un paso firme.
—Solo ayúdame a llegar a mi habitación—Pido en contra de mi conciencia, sé que no está bien pero no tengo muchas opciones, logro distinguir su cara de sorpresa con lago de dificultad.
—¿Segura? —Su pregunta me parece capciosa tomando en cuenta que se acaba de colar a mi casa como si nada.
—Acabas de irrumpir en mi casa, solo ayúdame a llegar a la puerta—Alzo la voz algo colérica al ver que le cuesta tanto creerlo, parece dudarlo, en eso intento levantarme molesta pero termino cayendo de nuevo sobre el sofá, Axel me ayuda colocando mi brazo encima de sus hombros mientras el suyo rodea mi cintura.
—Tranquila, nunca dije que no lo haría—Se escusa comenzado a caminar conmigo a cuestas, no digo nada, aunque me molesta el hecho de que su mano en mi cintura no me es del todo desagradable, Axel es fuerte por lo que no le cuesta llevarme hasta el comienzo de las escaleras donde de repente se detiene.
—¿Qué ocurre? — Interrogo mirándolo a los ojos o por lo menos haciendo el intento.
—No te enfades—Me advierte antes de tomarme en brazos, eso me sorprende, mi cuerpo se tensa por completo, por algunos cortos segundos no soy capaz de coordinar lo que acaba de pasar dándole oportunidad de hablar—Será más rápidos así.
—Más te vale—No te fuerzas para resistirme o protestar aun mi cabeza da vueltas, subimos las escaleras, no niego que ha sido cuidadoso, en medio del pasillo lo veo dudar de hacia dónde ir—Segunda puerta a la derecha.
Abre la puerta de mi habitación y sin esperar una invitación se adentra conmigo en brazos, me deposita con cuidado sobre la cama, afortunadamente todo se encuentra a oscuras pero mi temor se vuelve realidad sus ojos se apartan de los míos centrándose en uno de los marcos que descansan sobre la mesa de noche.
— ¿Es él? —Interroga tomando el marco en sus manos, no necesita mostrármelo para saber cuál es la foto que se guarda allí, me relamo los labios sintiendo un nudo en mi estómago, debo afrontarlo.
—Somos Rick y yo el día del accidente…