Capítulo 02.

1861 Palabras
Todo tiene un comienzo… pero, ahora no tiene importancia, ha dejado de tener sentido lo que me condujo a este punto, nunca olvidaré el primero momento en que lo vi, aunque las gotas de lluvia me hacen recordar vagamente el singular brillo de su mirada… –¡¡¡RICK!!! – Grito con todas mis fuerzas venciendo la resistencia de mis pulmones, llevando mi cuerpo al límite, tal vez es lo que necesito, dejar de ser humana por un instante, olvidarme de mi mundana existencia, vencer mis limites, desvanecer el autocontrol, hacer callar el sonido de las olas con mis gritos de dolor, detener la lluvia y el viento que reclaman por mi silencio, arrasando con la paz sumiendo todo en un caos de fuertes vientos… ¿Qué poder necesito? ¿Mi culpa es tan grande? Que arrogante he sido al pensar que mis pies aferrados a la podrida madera de este muelle me sostendrían, no soy más que una estrella entre miles, no soy más fuerte que está tormenta, las aguas heladas me reciben con coraje jalándome hacia el fondo; algo de miedo se asoma en mi pecho, motivándome a patalear, a luchar en vano, siendo tragada entera por la oscuridad, sacudida sin compasión, el temor se ata a mi cuello como un pesado grillete siendo este mi guía al vacío, demasiado pronto mi cuerpo deja de resistirse agotado de luchar contra la corriente miro hacia el cielo por última vez, cierro mis ojos dejando salir la última burbuja de aire, deseo volver a ver su rostro, quiero escuchar su voz una vez más, no quiero morir… “Sálvame, por favor… Sálvame Rick” … ¿Dónde estás? No me ha escuchado y se ha acercado al borde ¿En que estaba pensando? Se la ha tragado una ola, me he lanzado a su rescate, pero no puedo encontrarla… El frio traspasa mi piel, me quedo sin aire, no resistiré mucho más … ¡Allí está! Nado hacia ella, no se mueve, cargo con ella hasta la superficie, la tormenta ha terminado dejando como recuerdo una leve lluvia, la tumbo sobre el muelle, rogando que siga conmigo, sus labios azules, sus ojos inexpresivos me preocupan. –Vamos, vuelve conmigo–Reclamo mientras oprimo su pecho una y otra vez. …Oscuridad tan densa como la tinta, recuerdos fugaces, un frío que me corta la respiración ¿Así es como se siente? Mi cuerpo un glaciar ajeno a mis órdenes ¿Estoy muer…? –¡No me dejes! – Su voz… –¡No lo hagas, vuelve conmigo! –Se escucha cada vez más cerca, a medida que el calor desplaza el frío, le escucho gritar, mientras mi cuerpo no reacciona, siento las gotas de lluvia caer débilmente sobre mí, me llama una última vez “Respira” cuando mi cuerpo se incorpora ferozmente, comienzo a toser dejando salir de forma violenta el agua que había engullido –Tranquila, estarás bien. Aún sigo tosiendo cuando siento su mano en mi espalda, me cuesta tomar el control de mi cuerpo el cual se niega hacer algo más, escupo la última gota de agua eh inhalo con fuerza dejándome caer exhausta sobre la húmeda superficie… Me cuesta respirar, la lluvia nubla mi visión , solo puedo distinguir su silueta masculina; esa que ahora se posiciona sobre mi cubriéndome de la lluvia, sin importarme que sea un espejismo lo tomo de la nuca juntando nuestros labios en un beso apasionado, que se volvió desesperado, su sorpresa es evidente pero después de unos segundos sus labios marcaron el ritmo explorando mi boca con ansias, rápidamente nos terminamos el oxígeno de nuestros pulmones, lo que nos fuerza a poner distancia, nuestras agitadas respiraciones se mezclan , su mano no deja de sostenerme, sonrió sobre sus labios agradecida por este último beso, este ha sido el mejor acto de compasión… Antes de finalmente descansar eternamente. *** La paz es un cálido sentimiento, tal parece que al morir no hay pensamientos, nuestra conciencia se pierde en el vacío, solo rodeada por el silencio… ¿Fuego? No es posible, mi descanso es interrumpido por el crujir de las brasas, me incorporo desorientada, algo mareada abro los ojos percatándome que… –No estoy muerta…–Pronuncio en voz alta solo para cerciorarme de que esto es real; con la mandíbula en el suelo debido a la conmoción inspecciono la cabaña en la que me encuentro, captando que el sonido provino de la chimenea donde los troncos arden crujiendo al ser consumidos por el fuego, justo sobre los ladrillos una improvisada cuerda sostiene mi vestido beige , espera… ¿Qué llevo puesto entonces? Aparto la descuidada manta que me cubre descubriendo que llevo puesta una camiseta de tirantes amarrilla y que he estado durmiendo en un rustico sofá de cuero café, una espesa neblina nubla mis recuerdos, haciéndome incapaz de distinguir las imágenes que llegan a mi mente, no sé si todo ha sido real o una mera alucinación. –Qué bueno, estas despierta –Se oye la voz de un hombre, mis ojos rápidamente conectan con los suyos, son ámbar, es alto con la piel tostada y una sonrisa brillante digna de un gran bribón, su torso al descubierto deja a plena vista su trabajado abdomen; solo lo cubren unos jeans rasgados, intenta acercarse a mí de forma despreocupada, pero yo retrocedo alarmada aferrándome a la manta. –¿Qui-Quién eres tú? –Tartamudeo al hacer la pregunta, enfadándome al escuchar su risa, lo aniquilo con la mirada antes de ponerme de pie, error, la manta termina cayendo a mis pies dejando al descubierto mis pálidas piernas, avergonzada la tomo de inmediato cubriéndome con ella, cabreándome al ver como suelta una sonora carcajada negando con la cabeza – ¿Dónde estamos? ¿Quién rayos eres tú? –Curioso, primero besas y luego preguntas–Se burla de mi relamiéndose los labios, el muy infeliz, sintiéndome bastante confundida arranco de la cuerda mi vestido haciendo caer algunos de los adornos que descasaban sobre la chimenea, el idiota se acerca a recogerlos dejando entre nosotros solo una mesita de madera, le observo y una imagen ocupa mis pensamientos… Recuerdo que… ¿No ha sido un delirio? –Pero ¿Qué haces? –¿Tú me sacaste del agua? –Interrogo abrumada por los recuerdos, tratando de discriminar que parte de esa noche fue producto de mi imaginación, lentamente el chico se endereza con una ceja alzada denotando que no le ha hecho gracia mi acción–Responde. –Sí, he sido yo ¿Acaso vez a alguien más aquí? –Responde de mala gana gesticulando exageradamente con los brazos. –No–Dejo escapar haciéndome ver como una tonta, él se percata de mi estúpido comentario y junta las cejas interrogante. –Esperaba al menos un gracias, por cierto ¿Qué diablos hacías en el muelle? –Cuestiona intrigado observándome con detenimiento, dispersando algo de la neblina que nubla mi mente, los fragmentos cobran una pizca de sentido, excepto ese beso ¿Cómo no me di cuenta? Él no es Rick–Un segundo más y no la cuentas. –Solo daba un paseo–Miento de forma patética, propinándome una bofetada mental al ver como su sonrisa se vuelve a dibujar en sus labios. –Si claro, ¿En plena tormenta? –Pronuncia de forma elocuente desmoronado mi mentira con su sarcasmo. –Disculpa, ese no es tú problema, además yo podría hacerte la misma pregunta ¿Podrías? –Le ataco de vuelta formando en el aire un circulo con mi dedo índice, pidiéndole que se gire, levanta las manos al aire cuando lo hace mirando fijamente la chimenea, dejo caer la manta, me quito la camiseta aliviada al ver mi ropa interior intacta. –Ese muelle forma parte de mi trabajo ahora, es lo único que me interesa de este pueblo –Aclara con serenidad, mientras yo me coloco el vestido, al escucharlo se despierta mi curiosidad. –¿A qué te refieres? –Pregunto con recelo tocando su hombro, retrocedo en el momento que se gira hacia mí. –Soy fotógrafo además de escritor, disfruto de lo inusual, capturo relatos perdidos y los vuelvo libros fantásticos–Relata con orgullo, hinchando su pecho con arrogancia, aun así, no logro entender que es lo que busca, él parece notarlo porque decide continuar– Ese muelle tiene una historia, quiero ser el primero en darle voz a esa novia fantasma. –Solo pierdes el tiempo–Respondo irritada, atravesándole con la mirada. –¿Tú conoces la historia? –Cuestiona rodeando la mesa hasta estar delante de mí, coge de la mesa un periódico antiguo, mi pecho comienza a arder cuando leo la fecha “23 de agosto, 2012”, siento que me falta el aire–Ocurrió una tragedia ese año, se dice que su prometido murió y que ella se suic… –¡Mentira! – Grito colérica haciéndolo callar, le arrebato el periódico de las manos tirándolo al fuego, ajena a sus protestas observo como inultamente intenta salvarlo de las llamas , pero solo consigue cenizas, atormentada por los recuerdos, huyo de la cabaña, huyo de él, escapo de los recuerdos que me atan a ese muelle, corro sin descanso por las oscuras calles de Flórina , seguida por los débiles rayos de sol que paulatinamente bañan todo con su luz, mis pies comienza a doler, supongo que fue mala idea correr descalza, pero nada me detiene, corro como una polilla que se acerca al fuego, me detengo justo antes de tocar las llamas, caigo de rodillas cuando mis pies siente el frío de la superficie, a voluntad he hecho de este muelle mi cárcel, esa inmenso mar se ha convertido en mi verdugo y el tiempo mi vulgar enemigo. –¿Por qué has vuelto? – Pregunta el chico inclinándose delante de mí solo para estar a mi altura, colocando sus manos sobre mis hombros, estremeciéndome ligeramente al percatarse de mi mirada perdida. –No me toques–Le dejo en claro apartando sus manos me pongo de pie, camino lentamente hasta que mis pies están al borde, siguiendo el sendero que marcan los primeros rayos de sol, perdida en mis más oscuros pensamientos, observo mi reflejo en el agua incapaz de reconocerme, giro sobre mis talones mirándole directamente a los ojos–Mi nombre es Charlotte Archer. –Eres tú, no estás muerta–Responde fascinado como si realmente esperaba que fuese un espectro, le permito acercarse un paso más, sonrío con malicia agitando mi cabello. –¿Te arriesgarás? ¿No te aterra que pueda ser un espectro? ¿No le temes a perder tú alma? –Interrogo con un tono de voz sombrío entrecerrando los ojos en su dirección. –Por supuesto que no, no te temo–Asegura sonriendo con picardía. –¿Por qué no? –Insisto acortándola distancia entre nosotros, quedando a solo un paso de tocarnos, sin apartar mis ojos de los suyos con la intención de intimidarlo. –Porque te he besado y sé que eres real, Charlotte Archer ¿Me permites contar tú historia? – ¿Promesa o Contrato?
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