Odio el silencio absoluto, me pone de mal humor oír nada más que mis pensamientos, salgo de la cama despotricando algo sin sentido y entro en el cuarto de baño, el salpicar del agua sobre los azulejos del baño me da algo de equilibrio, cuando salgo del cuarto de baño con la toalla rodeando mi cintura soy un hombre nuevo, eso me hace recordar que no tengo tiempo que perder, debo apresurarme y terminar pronto que con esta historia.
Siempre suelo viajar ligero de equipaje, digamos que es lo que suelo decir para justificar mis dos únicos atuendos, vivir del arte no es para todos, aun así, el cosmos me ha otorgado está vez de una generosa benefactora , quien discretamente se ha colado en la habitación mientras me duchaba dejando cuidadosamente una muda sobre la cama, bastante tacaña diría yo, bufó, no se puede tener expectativas altas, vestido como un maniquí de escaparate, con un pantalón de vestir n***o, camisa de botones blanca y unos zapatos italianos , que me disculpe la realeza , yo no uso disfraz, dejó los bordes de la camisa al aire desabrocho tres de los primeros botones, desordeno un poco más mi melena rebelde, cambiando los zapatos por las botas que traigo conmigo, no es necesario verme en el espejo, me basta con serme fiel a mí mismo, camino por lo impecables pasillos de la casa en busca de mi nueva musa, bajo las escaleras sin rastros de ella, cuando entro en la cocina al fin doy con un ser humano.
–Buenos días ¿Dónde está Charlotte? –Saludo sin perder el tiempo a la chica de rizos azabache que restriega con diligencia la isla.
–Bue-Bue-nos dí-días–Sus palabras se tropiezan entre sí como ella con el mostrador cuando se percató de mi presencia , en mi opinión , el pánico está de más.
–No voy a comerte, solo dime ¿Dónde está Charlotte? –Aclaro al ver como la morena de un metro sesenta comienza a temblar y sus ojos avellanas amenazan con salirse de sus orbitas.
–Ella-Ella–Tartamudea, poniendo a prueba mi paciencia.
–¿Cómo te llamas? – Pregunto con fingido interés tratando de mitigar sus nervios.
–Melody–Suelta al fin con fluidez, dejando caer sus hombros cierra los ojos contado hasta 10, me siento en uno de los taburetes esperando pacientemente que termine de hacer su ejercicio, mientras pienso que quizás ha sido ella quien se ha colado en la habitación y no Charlotte, que decepción.
–¿Te sientes mejor? –Cuestiono jugando distraídamente con uno de los adornos de la isla, sus rápidos movimientos de cabeza me indican que sí por lo que volvemos al comienzo.
–Charlotte… Digo la Srat. Archer me ha ordenado que le sirva en lo que pueda mientras ella no está, hasta que esté listo para retomar su camino–Sorprendido de que haya podido decir algo sin trabarse sopeso por algunos segundos sus palabras … Espera ¿Acaba de dejarme plantado?
–¿Ella se ido? –Pregunto en un tono idiota, sacado de onda al ver cómo le ha importado un pimiento mi opinión.
–Sí, un poco antes de que llegará me ha dejado una nota–Su explicación lejos de dejarme satisfecho ha sido como un golpe a mi orgullo, esta chica acaba de dejarme colgado después de salvarle la vida, putos fantasmas; esto no se quedará así.
–Espera…–Ignore su llamado , tomo mi mochila, saliendo de la casa a grandes zancadas; a decir verdad la paciencia no es algo que me sobre , dejó atrás la elegante fachada a cada pasó que doy, no vivo de la caridad de nadie, pero tampoco me rindo tan fácil, caminé por un par de kilómetros disfrutando de la melodiosa naturaleza de Flórina, una ciudad simple donde una historia vive escondida en una espesa neblina , dormida espera paciente por alguien que logré traerla desde las catacumbas de la historia.
–¿Puedo ayudarlo con algo? –Pregunta la voz áspera de un hombre a mis espaldas, espabilo de inmediato me doy la vuelta para ver a un imponente cantinero que sostiene curioso una escoba con una ceja acorbatada, tan robusto como un leñador.
–Hola mi nombre es Axel Stein, soy nuevo y estoy buscando a alguien–Le aclaro al cantinero que no deja de analizarme con la mirada, como si fuese un extraño dibujo animado.
–Claro por eso tú cara no se me hacía familiar–Asegura con una grave risa golpeando rústicamente mi hombro, llegando casi a tirarme al suelo, me repongo rápidamente del golpe esperando que pueda ayudarme a encontrar lo que busco–Conozco a todos por aquí.
–Si es así, podría decirme ¿Dónde puedo encontrar a Charlotte Archer? –Pregunto sutilmente dispuesto a intentar convencerla, aunque algo que no predije fue el cambio de su semblante, me mira ahora con recelo y algo de furia.
–¿Por qué quieres verla? –Su pregunta en un tono acusatorio me hace pensar que quizás no debí ser tan directo al parecer Archer no es el alma de la fiesta, me aclaro la garganta proporcionándome algunos segundos para pensar mi respuesta.
–Nos conocimos ayer y se ha olvidado uno de sus libros conmigo, quisiera devolvérselo–Miento solo un poco, nervioso al ver como el cantinero parece algo extrañado, realmente espero que Archer disfrute de la lectura o no conseguiré más que parece un acosador.
–No creo que puedas, considérate afortunado de solo haberla visto–Contesta ahora la voz suave de una chica saliendo de atrás del gran hombre mirándome con algo de desagrado, inspeccionado mi aspecto como si no concibiera mi sola existencia, su mirada es tan áspera que siento que me grita “Desaparece” lo que me hace gracia–Tío John necesito tu ayuda ¿Podrías entrar?
–Un momento…–Refuto al ver como ambos se giran para marcharse, la castaña arrogante sigue su camino sin intención de escucharme solo John se detiene y algo indeciso vuelve hasta estar delante de mí–Si sabe dónde está, solo dígamelo y me iré.
–Mira chico, debes tener hambre…–Comienza a decir ignorando realmente mi pregunta, haciéndome cabrear.
–No…–Niego y John rueda los ojos inclinándose un poco hacia adelante como si temiera que pudieran escucharnos.
–No seas cabezota, solo sígueme–Sugiere con nerviosismo mirando por encima de su hombro a la puerta que ha cruzado la castaña y allí entiendo de quien se esconde, asiento decidido a conseguir una pista y John me hace entrar al interior de lo que parece una taberna con un estilo rustico bastante bien iluminada, pero completamente vacía, se detiene de repente provocando que casi choque con su espalda.
–Al menos dame un aviso–Me quejo justo en el momento que gira sobre sus talones tendiéndome un delantal n***o junto con la escoba que traía hace un momento sonriéndome con astucia, haciéndome saber que me ha visto cara de mesero–¿Es una broma?
–Vamos chico, una mano lava la otra–Me insta obligándome a tomar lo que me ofrece, con cara de pocos amigos me coloco el delantal y detesto admitir que combina a la perfección con lo que traigo puesto–La taberna debe abrir en un par de horas, nos falta personal así que ayúdanos rato, te diré dónde está Charlotte.
–¿Fui ingenuo al pensar que me lo diría sin más? – Cuestiono solo por curiosidad en voz baja.
–Mara no me lo perdonaría, sé que no la buscas por un libro–Ríe dando un golpe en mi hombro, y se va dejándome en la taberna.
***
–Gracias chico, te lo has ganado–Dice John palmeando mi hombro entregándome la dirección de Archer junto con un sobre amarrillo, estoy exhausto, lo abro sin imaginarme que me ha pagado por “ayudarle”, a decir verdad, me he quedado más de lo previsto, John me ha propuesto que los ayudase con los clientes y no he podido negarme, mi estómago vacío me no lo ha permitido, amargada o no Mara la sobrina de John cocina estupendo–Vuelve cuando quieras.
–Lo pensaré– Digo orgulloso entregándole el odioso delantal que he llevado todo el día a John, no me molesto en saludar a Mara, quien ha sido un gran dolor en el trasero, atravieso la gran puerta de madera rumbo a encontrarme con la mujer más misteriosa que he conocido.
Solo las farolas iluminan las calles desiertas, algo de nerviosismo me hace presentir nuestro encuentro, que extraño, ninguna mujer me ha hecho sentir nervios… cruzo en la última esquina dejado salir una bocana de aire.
–Hace frío… –Comento al verla de pie justo en la entrada de la casa, con la mirada perdida, una sonrisa melancólica dibuja sus labios y mi corazón se siente ansioso, siento la necesidad de consolarla, que torpe, no sé por qué debería.
–No deberías estar aquí–Me recuerda lo único que me pidió luego de dejarme en esa habitación, lo recuerdo “Vete al amanecer”, cruzo la cerca mirándola a los ojos me acerco a ella hipnotizado por el brillo opaco de sus ojos negros, cuando estoy a un paso de tocarla ella se gira poniendo distancia entre nosotros cruza la puerta de la casa dejándola abierta por lo que me atrevo a seguirla.
–¿A que le tienes miedo? ¿Qué tienes que perder? –Interrogo al ver como se detiene justo en el barandal, me alivia ver que no huye de mí, me aproximo lentamente deteniéndome justo a su lado, impotente al no poder descifrar que tal lejos mira, ¿Por qué no me mira?
–No lo entenderías–Me niega una respuesta, sumidos en un absurdo silencio, me permito admirarla, lleva puesto un vestido blanco lleno de flores, su cabellera escarlata se mese con el viento otorgándole un toque místico, hasta la tristeza en sus ojos la hace brillar con inigualable belleza, no creí que la novia del fantasma fuese el seudónimo que oculta tal belleza.
–Soy el único que quiere entenderlo– Aseguro mirando juntos el horizonte, ese que parece infinito, en el que ahora quisiera perderme.
–Solo aléjate de mí–Su petición desesperada me hizo saber una cosa, no estoy dispuesto a dejarla ir, la tome del brazo justo cuando iba a marcharse obligándola mirarme a los ojos.
–Te ayudaré a encontrarlo–Propongo disfrutando de tener ahora toda su atención–Haré que su historia recorra todo el globo, él podría estar vivo.
–¿Realmente lo crees? –Su pregunta me hizo sentir despreciable, me aprovecharía de su desesperación, le haría daño por mi propio egoísmo.
–Sin duda alguna– Miento, deleitándome con esa sonrisa que no merezco.
–¿Debería confiar en ti? –Pregunta con astucia torciendo ligeramente su sonrisa, dejando ver que no me he equivocado al pensar que no sería tan sencillo.
–¿Debo creer que no huiras? –Cuestiono de vuelta complacido al escuchar su risa.
–Correcto, Hagamos un pacto de estrellas–Propone entrelazando nuestros dedos colocándose delante de mí, me mira a los ojos con un brillo tan singular que me hace sentir afortunado.
–¿Pacto de estrellas? –Al parecer mi pregunta le hace gracia, aunque no podría haberlo adivinado, cuando junta nuestras frentes, sus labios descansan sobre mis dedos.
–Shhh, Ante el firmamento infinito, pongo a las estrellas como testigos de nuestro juramento, te contaré mi historia desde el comienzo hasta ahora…. –Comienza con voz temblorosa, dejando que nuestras respiraciones se mezclen provocando que mi conciencia se pierda–Sigues tú.
–Encontraré la verdad sobre tú marinero, no descansaré hasta ver que … tengas paz–Prometo convencido de que dejaré la piel por esté juramento, seré quien les devuelva la alegría a sus ojos.
–Que nos juzguen las estrellas si no cumplimos nuestra palabra–Termina de decir soltando mis manos, vuelve a mirar al horizonte y está vez creo ser capaz de encontrar el punto que sus ojos desean alcanzar.
Estoy tan cerca de tocarla que mis manos arden…
La luz de la luna se refleja sobre piel, luce igual que una sirena ¿Serás capaz de devorar mi alma?