—Laura, eres una verdadera sobreviviente. Espero que puedas reunirte pronto con tu madre. Quizás cuando las cosas se calmen y los mafiosos se tranquilicen, puedas irte a Polonia. Tal vez la madre superiora pueda ayudarte de alguna manera", expresó Ethel, mostrando su apoyo incondicional. —Es lo que más deseo, hermana Ethel—respondió Laura con añoranza en sus ojos. Durante las siguientes semanas, Laura se sumergió en los quehaceres del convento y experimentó algo de paz, aunque la madre superiora era algo estricta con ella. Sin embargo, todo cambió el día en que escuchó a la madre superiora conversando con una de las monjas acerca de una decisión que la afectaría directamente. Parecía que le pedirían a Laura que usara el hábito y se convirtiera en religiosa si quería quedarse en la congre

