En el suelo, Mireya sentía como esa mirada fría la escaneaba lentamente. En silencio Caín la levanto sobre su hombro y la subió al auto que los alcanzó. La sentó junto a él, y sacó un arma un poco después. Mireya estaba invadida de pánico, pero comenzó a ver a los al rededores lo más disimuladamente que pudo buscando alguna manera de escapar, pero Caín le puso el arma en el estomago. - Baja la mirada, o te sacaré los ojos. Ella se estremeció y obedeció. A la distancia vio a unos oficiales que estaban por subir a su patrulla. Comenzó a gritar y pedir auxilio, pero para su sorpresa, desesperación y frustración, ellos al ver lo que sucedía solo desviaron la mirada asustados. Se quedó pasmada y su rostro perdió el poco color que le quedaba. Se le formó un gran nudo en la garganta,

