Al día siguiente, Caín regreso donde Mireya, ya la vio resistir el sueño en el mismo lugar en donde se quedó la noche anterior. La dejó atada de pies y manos, así que daba una imagen curiosa. Fue algo gracioso, pero al ver sus piernas raspadas y amoratadas le quitó cualquier buen humor. Ella al escuchar los pasos se le fue cualquier somnolencia. Lo miró asustada por un segundo y después desvío la mirada. - Necesito ayudarte con esas heridas. Ella se estremeció y volvió a mirarlo en pánico. Caín sintió un pinchazo de vergüenza. Jamás se había preocupado por la seguridad de alguien, y menos si se trataba de uno de sus "trabajos" estaba tan acostumbrado a verla sonreír y relajada que esa chica frente a él, se le hizo desconocida. Tragó y se dió la media vuelta, de repente sonó su t

