Lissa miró a la persona que estaba allí, temió que la siguieran persiguiendo, sabiendo que estaba al día. Lissa maldijo mentalemente, «cuando llegara el momento que deje de ver a esos hombres» —Doctora, la estaba esperando —aquel hombre jugando con un cigarro. Aron solo observaba la escena. —Lo siento, pero no puedo atenderlo —ella dijo, con seriedad. Aron abrió los ojos, esas palabras lo hacían confundir, ¿para qué la busca un hombre de ese estilo en su casa? Es difícil creer que ella es diferente, si los hechos dicen lo contrario. —Lo siento doctora, es que mi jefe quiere verla y no me puedo ir sin usted. Ella se acercó a aquel sujeto, no le demostraba miedo aunque tampoco era que lo sintiera, ella era consciente que ellos no querían dejar de recibir la cantidad de dinero que el

