Una pocilga

1726 Palabras
Despierto, después de algunas horas, a pesar de mis esfuerzos, por mantener los ojos abiertos, creyendo que con eso les rendía un homenaje a mis padres, la pesadez en mis ojos hizo que estos dejarán de ver la luz durante varias horas. Mi tío Lorenzo, me da una palmada en el pecho, y despierto. Inquieto miro por la ventana y no hay más que oscuridad alrededor, poco a poco mi vista se aclimata ante la oscuridad, y observó que vamos sobre una carretera y a los lados enormes árboles guían el camino. Después de algunos minutos, Lorenzo mi tío toma una desviación y el camino se vuelve rocoso, sigo en silencio, quiero preguntar tantas cosas pero no por dónde comenzar, agachó la mirada y tocó los dedos de mis manos entre si. —Vamos hijo debemos darnos prisa —me indica Lorenzo al estacionar la camioneta y yo bajo de prisa, abriendo la puerta, tomó las maletas con las que salí de la casa de mis padre muertos. El lugar está cubierto por árboles la luz de la luna no está presente, miró al cielo y observó con detalle algunas estrellas que se ocultan entre las nubes, avanzó algunos paso y me detengo de inmediato. Un lugar asqueroso está frente a mi, las paredes del lugar están desgastadas por el tiempo, raíces y hierbas comienzan a devorar el lugar, hay un pequeño balcón y en el una banca descuidada o tal vez incluso podrida por la humedad. Dos escalones me dan paso a una puerta de color verde, donde alguna vez hubo vidrios sobre la puerta ahora algunos pedazos de cartón cubren los espacios. Entro a la casucha vieja, que parece no estar habitada, los muebles se ven viejos y deteriorados, las ventanas están selladas con algunas maderas, los vidrios están tan sucios que parecen camuflarse con los muros, Lorenzo enciende una lámpara y puedo ver aún más lo asqueroso de este sitio. Me indica que debemos hablar pero que por el momento debo quedarme en este lugar, me explica qué volverá más tarde y no me queda más remedio que esperar sentado sobre una silla de metal, corroída por el óxido. Lorenzo deja las llaves de la camioneta colgandolas de la puerta y toma una llaves diferentes, doy por hecho que conducirá el automóvil deportivo de color gris que miré estacionado al entrar a esta pocilga. —”Mis padres han muerto… no mi padres han sido asesinados” —pienso en silencio mientras observo la fotografía que traigo conmigo desde esta tarde, cómo el uno recuerdo auténtico, sobre la imagen de mi madre y de mi padre, el único recuerdo en dónde no hay sangre rodeando sus cuerpos. Me levanto de la silla y comienzo a recorrer aquel maloliente lugar, y solo puedo decir que es asqueroso, que no se que pretende Lorenzo pero esto me hace sentir náuseas. Levantó la maleta que Lorenzo me hizo sacar de la habitación de mis padres, la curiosidad me hace indagar y abro la maleta con mucha cautela, no imagino que habrá dentro. Saco algunas prendas de ropa, después una caja y dentro de ella al abrirla descubro por lo menos diez fajos de billetes, billetes verdes, los coloco todos sobre una pequeña mesa frente a la silla, encuentro en el fondo de la caja sobres amarillos, y dentro de ellos cientos de documentos. Son cuentas bancarias a mi parecer no entiendo las cifras y tampoco puedo reconocer los slogan bancarios de las partes superiores. Abro el siguiente sobre amarillo; unas escrituras de una propiedad a mi nombre, en realidad dos propiedades; mis ojos se extralimitan en mis órbitas, no entiendo que ocurre, mis padres jamás me hablaron de esto. Se que éramos una familia acomodada, pero jamás había escuchado de cuentas y propiedades en el extranjero. Hay un último sobre y este es de color azul, también me dispongo a abrirlo y puedo comprender una sola cosa, que no se quién eran mis padres, no sé quién los asesinó y tampoco se el motivo. Una carta dentro de este sobre impacta en mis ojos. “Carel ojalá nunca tengas que leer está carta…” Termino de leer la carta que mi padre escribió para mí, y mi llanto brota sin control, mis piernas comienzan a temblar, siento mi cuerpo tambalear, coloco mis manos sobre la mesa, y tomó los documentos y los fajos de billetes y de nuevo los colocó dentro de la maleta. Recuerdo que Lorenzo a dejado las llaves de la camioneta sobre un pincho incrustado en la puerta respiró profundo y sin pensarlo mucho tomó ambas maletas, tomo las llaves que cuelgan de la puerta y con mucho sigilo corro hasta la camioneta, abro la puerta lanzo las maletas sobre el asiento del copiloto y arrancó de prisa, mi cuerpo se enfría y siento mi cara hormiguear, pero no quiero detenerme no puedo detenerme debo alejarme los más pronto de este asqueroso lugar. Por un largo tiempo no encuentro el sentido, avanzó a toda velocidad sin llegar a ningún sitio, me detengo frente a un despachador de combustible, y abro los ojos conozco el sitio donde me encuentro, y aceleró de prisa, enciendo la radio y mis sentidos se calman mis pensamientos, los que me han rondado durante todo el día, se disipan. —”Mis padres han muerto… mis padres” —repito en mi mente, mi boca se ha pegado, llevo más de doce horas sin hablar con nadie, desde que Lorenzo llegó a mi casa he guardado silencio. Salgo por una desviación y me incorporo a una carretera federal, observó por un instante si puedo cruzar y lo hago de prisa, en este momento ya se ha donde me dirijo. Golpeo el volante al ver de frente un par de patrullas, siento pánico, es la primera vez que manejo sin supervisión, no tengo licencia de conducir, y no soy mayor de edad. Una sensación de calor recorre mi cuello, y paso justo a un costado de las patrullas, pero estás me ignoran por completo, respiro con alivio. Por fin, estoy frente a la terminal norte de la ciudad, pido un boleto que me lleve hasta una provincia en la región de Calabria, al sur de este país. Me siento sobre una silla esperando que el reloj marque la medianoche para subir al transporte que me llevara al destino que elegí. Es casi la medianoche me levanto y me dirijo al baño de la terminal, pongo ambas maletas sobre la caja del inodoro dejando por encima mi maleta dónde guarde algo de ropa, me desnudo de prisa y tiro al cesto el pantalón y la playera que aún tienen sangre también me deshago de la chamarra y me colocó una sudadera de color n***o con capucha, desecho mis zapatos deportivos y me colocó unas botas que cubren mis tobillos, son de color rojizo y sonrio al recordar que mi madre me las obsequio después de haberle insistido durante meses. Lo poco que queda de ropa la guardo en la otra maleta y me deshago de mi maleta, decidí quedarme solo con la que tiene los documentos, tomo mi billetera y por suerte aun tengo billetes nacionales, guardo la ropa que me sobra cubriendo los billetes verdes, y salgo del baño completamente camuflado, miro una librería, y compro algo clásico. Camino sobre los andenes para buscar mi zona de abordaje. Llego al lugar donde debo abordar y algo me detiene en seco, logró ver a Lorenzo, camina desesperado por el andén, estoy seguro de que me está buscando Y ahí está, de frente a mi, pero no puede verme un delgado muro cubre mi presencia, Lorenzo mi tío está aquí, y no sé cómo actuar , comienza a faltarme la respiración, no encuentro forma de esconderme, debo cruzar cerca de él o perderé el transporte. Miro para ambas direcciones buscando una opción, pero no hay otra forma. Trato de pensar pero nada se me ocurre, colocó la capucha sobre mi cabeza, he reducido la maleta ajustando las cintas y voy mucho más ligero. Titubeó por un instante, antes de avanzar, reviso el boleto que está dentro de mi sudadera, intentó avanzar y me detengo una vez más respiró profundo, y sin pensarlo camino frente a él con paso apresurado, un hombre corre a mi lado y distrae a Lorenzo, intentó avanzar pero rozo su hombro y cierro los ojos he cometido un error, avanzó un poco más sin girar mi cuerpo, avanzó de prisa y mi transporte está a punto de cerrar sus puertas. —Carel, ¡Hey! Espera Carel —grita Lorenzo y solo corro de prisa con mi boleto en la mano, y mis músculos desafían mi propia velocidad, le entregó el pase al hombre que revisa el abordaje. —Aquí está mi boleto dese prisa por favor —ordeno al hombre con uniforme, giró el rostro y Lorenzo viene hacia a mi, el hombre de uniforme me entrega mi boleto que ha sellado, subo de prisa y las puertas se cierran el hombre que revisa el abordaje le dice que no puede detener el transporte, observó a Lorenzo, y mis ojos se humedecen, respiró profundo por un momento. Avanzo y observó que en todo el vagón me encuentro solo, no hay nadie, llego hasta mi asiento, coloco la maleta debajo de mis pies y después de haberme sentado trato de cubrir aún más mi rostro con la capucha de mi sudadera color n***o, tratando de dormir en este largo viaje. Siento mi cuerpo como comienza temblar, el frío es terrible en esta época y los huesos comienzan a dolerme, una mujer pasa por mi asiento y al verme me ofrece una manta, la tomó sin chistar e intentó sonreír pero mi boca está sellada, asiento con la cabeza y cubro mi cuerpo, levantó los pies en el asiento frente a mi, cierro mis ojos y las imagen de mis padres en el suelo cubiertos de sangre aparece en mi mente, me niego a abrir los ojos y siento recorrer mi lágrimas por mis mejillas. Me preparo para un viaje de alrededor de quince horas, un viaje que probablemente no tenga retorno. —”Mis padres están muertos… no se que voy a hacer” —me repito una y otra vez hasta que el cansancio vence a mi cuerpo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR