―¿Qué pintas? ―volvió a preguntar la mujer mientras salíamos a la calle. ―Pues algo más alegre, y no lo digo sólo por mí, sino por usted. Seguro que le va mejor en sus relaciones sociales, si es que las tiene ―dije con cierto tono de burla. ―No tengo otra ropa, me refiero, de otro tipo, ya le dije que este es el oficial ―repuso molesta. ―Seguro que sí, pero no creo que quiera hacerse notar, recuerde que vamos a ir de viaje, y a pasar por varios aeropuertos, y por cierto lo del arma…. ―¿Qué le pasa a mi arma? ―interrumpió molesta por habérselo mencionado. ―Nada, digo que tampoco se la van a dejar llevar en el vuelo ―contesté viendo que le había disgustado. ―Eso será problema mío, usted dedíquese a lo que hace con esa pobre gente, que yo me dedicaré a mis cosas ―dijo ella con desdén.

