―Pase. ―Buenas noches doctor, ¿me había pedido una cama supletoria?, ¿dónde se la dejo? ―preguntó uno de los recepcionistas que acompañaba a uno de los botones quienes traían una cama supletoria. ―Aquí mismo ―dijo Carolina señalando una esquina de la entrada. ―¡Está bien! ―dije al ver que ambos me miraban esperando mi respuesta. ―¿Algo más? ―preguntó el recepcionista después de que el botones hubiese hecho la cama. ―No, muchas gracias. Buenas noches. ―Buenas noches a los dos ―dijo el recepcionista saliendo después del botones. ―¡Buena noche! ―afirmé mientras cerraba la puerta del cuarto. ―Muchas gracias ―dijo Carolina―, pero eso no cambia nada. ―¡Claro que no! ―afirmé sabiendo que poco a poco se empezaba a derretir ese muro de hielo que había levantado conmigo. Dicho lo cual me a

