MATTIA El pitido monótono del monitor me taladraba los tímpanos, como si cada latido fuera una burla a mi impotencia. Mi madre yace inerte en esa cama blanca, un lienzo pálido manchado por la crueldad de esos bastardos. Malditos hijos de puta. La rabia me hierve por dentro, una olla a presión a punto de explotar. Quiero destrozar todo lo que tengo a mi alcance, convertir el mundo en cenizas para que nadie más tuviera que sufrir como nosotros. Me jodieron y pienso hacerles pagar por eso. Me aprieto los puños hasta que las uñas se clavaron en la carne. Ese suero experimental, mi última esperanza, parecía una burla cósmica. ¿Cómo podía ser tan impotente? Yo, el hombre que ha sembrado el miedo en esta ciudad, reducido a un espectador en la batalla por la vida de mi madre. Recuerdo la últ

