Duele

1087 Palabras
Bianca entra en crisis, no poder ver a su bebé y la idea de que no está bien le preocupa tanto que le lleva al borde de un colapso nervioso, dice no sentir en su vientre a su Lucía y que, si algo le pasara, ella moriría. Gritando como loca, llena de desesperación Edward llama a una enfermera para que la tranquilicen. —¿Qué le hicieron a mi hija? ¿Dónde está mi bebé? —Grita Bianca. —¿Mi señora, cuál bebé? Usted debe estar confundida, tuvo un fuerte accidente y no se ha recuperado —contesta la enfermera mientras pasa su mano por la frente de Bianca. —Yo estoy embarazada, o lo estaba, hace poco sentía las patadas de mi niña y ahora no siento nada. —¡Bianca, cálmate por favor! Producto de la caída diste a luz antes de tiempo y desafortunadamente no pudimos salvar a nuestra bebé. —Edward, no digas eso, no me digas que nuestra bebé no está, ve a buscarla ¡Ve por ella! ¡No puedes decirme que ella no vive! ¡No lo acepto! Edward ordena a la enfermera que inyecte a Bianca, mientras él la sostiene y a la fuerza la jeringa introduce en su brazo un medicamento que al instante induce el sueño. En sus pensamientos, en los sueños más profundos Bianca ve el rostro de su hija, sacude su cabeza y grita ¡No me quiten a mi bebé! Mientras alucina por la droga. Una mujer entra en la habitación, Julissa Baldemora, es la hija del jefe de Edward, quizás podría ir a visitar a la esposa de uno de los mejores empleados de la empresa, pero no es el caso, ha ido a ver si Lucía y Bianca viven. Entre dormida y despierta Bianca puede escuchar lo que hablan en su presencia. —¡Julissa, no deberías estar aquí! No se supone que sepan que tú y yo nos conocemos. —Eres el empleado de mi padre, te veo a diario ¿Cómo ocultar que nos conocemos? —Si, pero esta no es mi área de trabajo, debo jugar al esposo triste y herido, no a recibir visitas femeninas. —No soy cualquier mujer o visita femenina, te recuerdo que tenemos un acuerdo y me estoy asegurando de que cumplas. —Podemos hablar esto más tarde, mujer, no me presiones que estoy en medio de un gran problema. —¿Cuál? ¡Ah, sí! No lograste ni siquiera que la mujer esta muriera y ahora tienes a una invalida contigo —el corazón de Bianca se desgarra un poco más con cada palabra que escucha. —¡Baja la voz! Podrían oírte. —¿Quién? Me dijiste que la sedaron ¿O no? —Si, está profundamente dormida, pero las paredes tienen oídos. —Lo único que quiero Edward, es que de una vez y por todas podamos casarnos, no soporto estar sola un minuto más, te necesito para mi solita, compartirte con esta mujer corriente no es mi estilo. —Julissa, esta mujer hace mucho que vive a mi lado, pero no compartimos la cama y lo sabes muy bien ¿Qué más quieres de mí? —Que desaparezca de una vez y por todas, que te vayas a vivir a mi casa y que por favor esa niña y esa mujer no respiren ¿No comprendes que mi amor por ti es de otro mundo? No quiero compartirte ni un segundo. —Mujer ¿No ves que lo intento? No hay nada en este mundo que quiera más que estar contigo, pero al parecer algunas personas tienen siete vidas. La niña no vive si de algo sirve, ya solo es cuestión de que Bianca desaparezca, para eso no tiene que morir, sólo debe desencantarse de mí y dejarme. —¿Cómo crees que ahora enferma y convaleciente te querrá dejar? Si pudiera la mataría con mis propias manos, pero no me voy a ensuciar con ésta. Te queda poco tiempo para eliminarla o te llevaré conmigo arrastrado a nuestra casa. Cada fibra del cuerpo de Bianca se estremece mientras escucha a la mujer llamada Julissa de la que nunca supo que existía y al amor de su vida que de quien acaba de enterarse de que es su verdugo. En sus adentros siente tanto dolor que le cuesta respirar, pero no puede revelar lo que sabe en presencia de Edward y Julissa, quienes en un beso apasionado se juran que pronto ya Bianca no será un estorbo. Cuando Edward sale a escoltar a su amante fuera de la clínica, Bianca abre los ojos que son ahora un mar de lágrimas, el dolor es grande, pero junto con él nace un sentimiento oscuro que nunca había sentido, algunos le llaman venganza, aunque para Bianca es resiliencia. Justo a su mente llega la idea de escapar del hospital, pero sus piernas no obedecen a su cerebro cuando le indica que se ponga de pie, desesperada llama pulsando un botón a una enfermera, tan pronto como se acerca una mujer le pregunta porque no siente las piernas y esta le contesta que fue sedada en el quirófano, pero no sabe nada más. La maldad de un hombre y una mujer pueden llegar tan lejos como para arrebatar a una bebé de los brazos de su madre e intentar asesinarla, es tanto el estorbo de Bianca para Edward en su deseo de ser un hombre rico y de alta posición que en lugar de ser honesto para no quedar como el villano de la película ante amigos y familiares prefirió ser el viudo dolido y lastimado, pero no contaba con que su víctima sobreviviría. Un hombre tan despiadado como para no importarle su propia hija es capaz de lo peor y Bianca teme ir con él a casa porque su vida corre peligro cada segundo que está con él. —Mi amor, despertaste, tuvimos que medicarte para que te tranquilizaras, estabas muy alterada con la mala noticia, no sé cómo lo superaremos, pero vamos a salir de esto y tendremos todos los hijos que quieras, te lo juro —entra Edward a la habitación y le asegura a Bianca con ojos llorosos mientras acaricia cabello. Bianca no puede emitir una sola palabra, está en shock ante la sorpresa del buen actor que eligió para ser su pareja y de quien nunca notó o esperaba tanta falsedad. Lo único en lo que Bianca puede pensar es en cómo escapará de las garras de Edward.
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