Aprieto los dientes ante la mención de ese insufrible apodo que solo me hace recordar lo que sucedió en el incendio. - Dime lo que sabes – digo acercando el arma a su pecho. Frank traga saliva y levanta las manos en un gesto de rendición. - Que garantía tengo de que no me volaran los sesos en cuanto les dé la información que quieren. - Si me das una explicación lo suficientemente creíble, te dejaremos en paz. Nuestro problema no es contigo. Frank me mira poco convencido. - ¿De verdad estás dispuesto a ignorar la muerte de tu abuelo? Aprieto tanto la mandíbula que las mejillas comienzan a dolerme mientas asiento. Se queda pensativo un instante. - ¿La oferta que me hiciste ese día sigue en pie? – cuestiona con los ojos entrecerrados. - Habla – ordeno repitiendo el asentimie

