Freya Los intensos dolores en la espalda que migran hasta mi bajo vientre me despiertan. Sin poder conciliar el sueño, salgo de la cama con el corazón acelerado. “No entres en pánico, sabías que sucedería” pienso para tranquilizarme. El médico me advirtió que la fecha de parto podría adelantarse, pero no esperaba que fuera precisamente hoy que mi esposo se encuentra fuera de la cuidad. Palpo mi vientre con cariño antes de tomar el celular de la mesa y marcar el número de Duncan. Espero lo que me parece una eternidad colgada al teléfono hasta que tengo que terminar la llamada por falta de respuesta. Masajeo mis sienes y lo intento otra vez sin suerte. Me rindo en intentar contactarlo cuando la llamada se rechaza en más de cinco ocasiones y opto por llamar a mis suegros, al obtener

