Siento la cabeza como si fuese a explotar en cualquier momento, me duele todo el cuerpo. Intento abrir los ojos, pero la luz blanca me lo impide. ¿¡UNA LUZ BLANCA!? —¿Me morí? —Pregunto con un hilillo de voz. La garganta me arde como un mismo infierno. —Así es, estás en la puerta del averno. —Responde una voz que me es bastante familiar. —Te odio. —Suelto mientras froto los ojos desvaneciendo el sueño. Kendall suelta una sonora carcajda y yo le arrojo una almohada que le golpea en la cara, tumbándola sobre su cama. A penas y me puedo mover, siento que el cuerpo pesa toneladas y punzadas en m cabeza. Dios mío, que hice. —Kendall... —Sollozo aún acostada.— No puedo moverme... Estoy en mi lecho de muerte. Guarda silencio por unos segundos y después ríe, entonces deduzco que está

