El final de la supuesta cruenta batalla fue una lluvia de ceniza que fue el preludio a una tormentosa tarde y noche. Podría decirse que aquella lluvia tan fuerte que azotaba los árboles y anegaba los caminos, sería un evento preocupante para los pobladores debido a la fuerza del agua. Porque la lluvia destruía sus cosechas y sus sembradíos más jóvenes no verían la luz del sol al día siguiente, pero eso no les importaba, porque esa lluvia disipó el peligro. Aún en el bosque quedaban hombres sedientos de sangre y venganza, era un grupo pequeño, leales a los ideales de Nortung, y que estaban sorprendidos de todo lo que había sucedido. Los mensajeros enviados por Fillip llegaron a su destino empapados y con mucho frío en sus cuerpos, pero con la noticia cálida en sus almas de que su enemi

