Nortung tenía sed de venganza en sus venas, hambre de poder y frialdad en sus ojos. No había un hombre con tal poder comparar vencerlo. Mientras caminaba en medio del bosque sus amigos incendiarios creaban un escenario de guerra y de inmortalidad a su alrededor. A su líder no le interesaba cuántos murieran o si su grupo de soldados quedaba menguado en el camino a su victoria. Nortung deseaba cobrarle caro al hijo del rey Hernaldo su encierro en la cárcel, habían sido años de prepararse para la derrota y para darles una fulminante sorpresa. Con sus botas revestidas de muerte Nortung caminaba seguro en medio del fuego y el humo. A su paso se podían escuchar las ramas de los árboles y arbustos crujir, y esa sensación de poder lo hacía sentirse grande y poderoso. Lo que él no sabía era q

