Después de sentirse satisfecho el líder incendiario se quedo dormido. La joven que lloraba envuelta en una sábana aprovechó el momento en que Nortung roncaba profundamente dormido para tomar sus vestidos y salir de la casa. Después de unos minutos andando una mano se puso sobre su boca para impedir que ella gritara. ¡No grites y sigueme, que no voy a hacerte daño! La voz del general en lugar de tranquilizar a la joven la aterraba. Imaginarse una suerte peor de la que había vivido solo la hacía desear la muerte. Pero en medio de la niebla de aquella fría noche sirvio para ocultar los pasos del general y de la bella y angustiada joven. Al entrar en la casa del general la joven fue llevada a una habitación después el general la soltó de su brazo y le dijo... ¡Te sacaré de aquí! Pero d

