La cárcel no significaba esclavitud para el enemigo del rey Hernaldo. Para él cada día era un segundo más cerca de su triunfo. El ejército escondido en las montañas crecía y se hacía más fuerte. Sus aliados tenían hijos. Hijos de las mujeres que habían raptado de sus hogares, de pueblos que ellos habían hecho cenizas a su paso. Las niñas que nacían se conviertan en sirvientas de hombres crueles y despiadados, que seguían robando y destruyendo a su paso, la vida y la esperanza de las gentes. Nada los detenía. Pero para no ser detectados por las gentes de Asterbark o sus reinos vecinos, atacaban en diferentes lugares, y cada vez, con rostros diferentes. Los varones que les habían nacido eran más violentos que sus progenitores. Y el orgullo de los rebeldes. Ellos crearon los planes pa

