One-Shot 2: Obsesión

1694 Palabras
Lea bajo su propia responsabilidad, romance oscuro, temas sensibles, violencia, descripciones gráficas, armas. No lea si es sensible. Todos los derechos reservados.  Nota: los eventos a continuación obedecen a ficción. Obsesión Ring Ring Ring… Sonaba mi celular mientras terminaba de preparar la cena, lo miré, es Jenna, tomé el celular como pude y respondí la llamada “Hola Jenna querida ¿cómo estás?” mirando lo que tenía en el sartén. “Hola Claire, ya voy saliendo para el bar a encontrarme con Eric, apenas llegue te mando la ubicación” dijo atenta, a lo que le respondí “Con cuidado Jenna, si no te sientes cómoda puedes echar todo para atrás, yo estaré. Pendiente de todas maneras, me mandas todo, al igual que sus datos,” me despedí de ella. Jenna era mi círculo más cercano, fortalecimos nuestra amistad el día en que cayó en una profunda depresión al terminar su relación de 5 años con su ex novio. Un completo idiota, yo lo odiaba mucho antes de que supiera que le rompió el corazón a ella. En fin, suspiro. Yo soy una feliz ama de casa, madre y esposa abnegada. Sin embargo, mi círculo de 4 amigas, sabe que dentro de mi pecho llevo más que un infierno de lava ardiente. Amo a mi esposo, a mis hijos, pero a veces me envuelvo en un mundo lejos de aquí convirtiéndome en una dominante, o una esclava s****l, rompiendo los paradigmas de las familias conservadoras a la que pertenezco.  Ping, Ping, Ping.. Salgo de mis pensamientos, mientras miro los mensajes de Jenna, es el contacto telefónico de Eric, su foto, ubicación con coordenadas en Maps. Bien.  Cenamos entre gritos, risas, juegos y luego las tareas habituales antes de meter a la cama a los niños. Todos dormidos. Bogotá, Colombia, 10:30 p.m. Miro a mi esposo para detener mi impulso de imaginarme lo que quiero a continuación. Se ve tan pacifico, tan cansado de trabajar para mí, mientras yo pienso en que quisiera vivir otra vida porque soy tan egoísta de no decirle la verdad de las cosas que en realidad quiero. Prefiero vivir entre las sombras, que una vida plena tratando de buscar el equilibrio de mi vida con él. Me levanto y tomo mi celular, me dirijo a la oficina. Enciendo mi computadora y abro mi aplicación, la misma que le aconsejé a Jenna que abriera y saliera con los tipos que ni en esta vida y en la otra sería capaz de salir. Miro la bandeja de entrada, veo varios mensajes sucios en mi perfil falso. Pero eso no es lo que yo estoy buscando hoy. Hace tiempo buscando en mi perfil real fotos para hacerme ideas de un libro que estaba leyendo encontré que en la realidad muchos hombres se llamaban así y no demoré mucho en obsesionarme con el personaje del libro y con el hombre que en realidad llevaba su nombre. Es como una enfermedad mental, no sé diferenciar la realidad de la fantasía.  Lo acecho diariamente, él no sabe que alguien piensa en él y mucho menos que ha tenido muchos encuentros sexuales por fuera de su país de origen. Es una obsesión para mí. Destapo mi vino y lleno un vaso, niego con la cabeza, pensando en lo que se ha convertido mi vida. No soy infeliz, tengo todo lo que una mujer puede desear, pero el mismo miedo a lo que pueda pensar mi esposo y la sociedad de las prácticas no convencionales en el sexo y las relaciones de pareja me detienen de vivir libremente. Por lo anterior, en mi cabeza debo recrear el mundo y el estilo de vida que quiero llevar y es difícil para mí imaginarlo con el hombre con quien me casé.  Mi esposo, un ser inmaculado. Cristiano. Amoroso, me ama a mí y a mis hijos con pasión y devoción. No merece nada de lo que pienso y hago en mi mente. El pecado de pensamiento. La tentación. El demonio dentro de mí. Dios ayúdame a recuperar mi vida. Es inútil.   Mi mente retorcida, me hace mirarlo una vez más. Blanco, ojos marrones, barba incipiente, cabello color rojizo, mejillas sonrojadas, alto, todo un experto en cacería de venados, controlador de armas. Dios. Etham. Una vez más, bajo su álbum de fotos y me imagino ser yo quien toma sus fotos, en ese bosque. Temporada de caza abierta.  Camino detrás de él con la cámara del celular encendida tomando un video, dejamos la camioneta a un lado del camino y nos adentramos buscando la presa para esta noche. Lo observo. Sus hombros anchos, un overol camuflado, sus botas de caza, un gorro de lana para protegerse del frío. Un hombre normal, pero mío.  Yo me he vestido del mismo modo que él. Overol camuflado de mujer, botas de senderismo, gorro de lana y llevo un morral con las cosas más necesarias por si tenemos una emergencia. Se voltea, con el dedo índice me hace señales de que haga silencio y que pare con la mano. Me agacho un poco y enfoco la cámara donde veo al venado. No respiro. Lo miro, se prepara, se toma un momento. Uno. Dos. Tres. Finalmente da un tiro certero al blanco. Se voltea y me mira con suficiencia. Sonrío y sonríe. Me sonrojo más de lo normal. Entrecierra los ojos, lo sabe. Sabe que me he mojado entre mis piernas.  No dice nada. (No conozco su voz, pero me lo imagino profunda y ronca. Varonil).  Deja el rifle a un lado y se apresura a quitarme el celular y el morral. Me besa apasionadamente, toma mi cabello entre sus manos, rompe el beso y me besa por mi cuello y con su mano libre baja por mi espalda, apretando mi trasero, mirándolo por encima de mi hombro. Dios se ve tan sexi haciendo que mi cerebro mande una señal a mi centro. Me mojo más. Es inevitable. Tira mi gorro al suelo, me mira intensamente. Me besó de nuevo, metió su lengua, me saboreó. Me vuelve loca. Lo vuelvo loco. Contra un árbol me aprisiona, Siento su respiración pesada. Siento su bulto duro presionando mi pequeño coño. Me carga, me pone a su nivel (yo mido 1.6 y él 1.9 metros, grande ¿no?) abre mis piernas y sigue besando y chupando mi boca, mi cuello. Encuentra la corredera de mi overol, la baja y toma uno de mis pechos, lo amasa y tira de ellos. Yo me arqueo. Calor y placer.  Me baja, me toma de la mano, me lleva hasta donde está el cuerpo del venado. Toca la herida. Su mano está ensangrentada. Sé lo que viene. Su fetiche. Suspiro. Daría mi vida si fuera necesario por él, haría cualquier cosa por él, incluso cumplir sus más oscuros deseos, solo porque sus deseos son los míos.  Sacó un brazo del overol, luego otro, me lo bajo lentamente por las piernas, mientras me mira sádicamente. Solo yo puedo darle ese placer. Solo yo. Nunca lo juzgaría. Sin importarme el frío, me quedo en medias, camisilla y boxers de mujer. Me indica con señas que vaya a su lado, sin pensarlo llego a donde está él. Me arrodillo, y con sus dedos pone sangre en mis mejillas, cuello y boca. Lo limpia, con su boca. Chupa cada gota de sangre. Mis ojos están cerrados. Se siente tan bien. La sangre fresca del animal es el fetiche de mi hombre (o el mío, recuerden que todo pasa en mi cabeza).    Mis pezones erectos se pueden ver aún por debajo de la camisilla blanca, ahora manchada de sangre. Me tiene donde quiere. Se arrodilla, me dirige y también me arrodillo. No quita su mirada de mis ojos. Son tan profundos. Tan hipnóticos, nunca nadie podría entender lo que tenemos.  Me acuesto al lado del cuerpo del animal obedeciendo sus señas, con sus grandes manos toca mis pechos, mi centro, y finalmente baja mis boxers, exponiendo mi v****a, el aire frío me golpea. Sé lo que viene. Toma un poco más de sangre de la herida del animal, y acariciaba mi coño, que estaba ensangrentado, en toda mi piel sensible. De sus dedos gotea sangre y cae directamente en mi clítoris ya hinchado del deseo. La sangre se mezcla con la humedad de mi excitación. Miro la escena, él es solo mío y yo soy de él. Estoy a su merced.  Es hora. Llegó el momento por el cual estoy en una nebulosa. Lo que esperaba. Acaricia una vez más mi clítoris, con uno de sus dedos tan suavemente, como si no fuera el monstruo que sé que es, el que lleva dentro y solo yo conozco, él que solo a mí me muestra. Finalmente lleva su hermosa boca a mi coño. Lo chupa, masajea con su lengua mi parte más sensible. Se siente tan bien. Con avidez, chupa mi c******s. Gimo de placer. Me retuerzo, mete un dedo dentro. Dios. Sigue chupando, su lengua hace remolinos, me retuerzo. Mete un segundo dedo. Me pierdo. Algo está acumulado ahí. Mierda.  Mete y saca sus dedos, una, dos, tres, chupa, mueve su lengua. Soy un desastre. Gimo más fuerte, me retuerzo. Él lo sabe, estoy cerca. Lo miro, hay sangre alrededor de su boca. Es un vampiro a mi parecer, mi vampiro. Sigue con mi tortura. Grito, acelera el paso. Mete su lengua. Encuentra mi punto G. Entra, sale, entra, sale. Su lengua tiene vida propia, sabe dónde golpear. Me ama y yo a él. Respiro entrecortadamente. Me acepta y yo lo acepto. Sigue, sus dedos encontraron mi punto G de nuevo, el chupa mi clítoris una vez más. No aguanto más. Me vine con fuerza. Grito su nombre. Etham. Olas tras olas de placer me emborrachan. Mis piernas temblorosas. Lo miro, me sonríe. Satisfecho de lo que ha hecho, me dio placer mientras él se complacía con su sangre fresca animal.  Abraza mi vientre. Mirando el animal a su lado. Lo sé. Jamás me iré. Jamás se irá. Somos uno.   De vuelta a la realidad, abro los ojos, solo para encontrarme la mirada confundida de mi esposo. Mierda. Mierda. Mierda. Instagram: @juliannemartz Facebook: Julianne Martz
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