One-Shot 3: Santa Paola

2450 Palabras
Lea bajo su propia responsabilidad, romance oscuro, temas sensibles, descripciones gráficas. Todos los derechos reservados. Verificaba frente al espejo que todo estuviera en orden, mi atuendo, mi cabello, quería estar presentable para asistir a la cena de la señora Amanda, una vieja amiga de mi madre, tanto ella como su familia eran respetados por su educación y por lo allegados a la iglesia, compartían con mi madre muchos eventos benéficos y grupos de oraciones. Fui criada en un hogar muy prudente y religioso, lleno de virtudes. Yo era una mujer normal, me gustaban las cosas mundanas como cualquier otra, pero todo lo que hacía era con un propósito y con un profundo amor a Dios. Ya tenía más de 30 años, mi madre constantemente me decía que era hora que dejara de pensar en trabajo y me estableciera con un hombre, preferiblemente con el hijo de Amanda, Francisco, un hombre profesional y culto, no tenía novia y pues en nuestros encuentros siempre tuvimos afinidad, pero no era como tan profundo pero en realidad si algún día me casaba debía ser con alguien como él.  Francisco era un hombre completo, no era un modelo de revista pero se dejaba ver, tenía un buen empleo, quería seguir escalando en la vida. Un buen partido. Esta bien, esta noche iba a tratar de verlo con otros ojos, a ver qué ocurría. Mataba dos pájaros de un tiro, complacía a mi mama y cultivaba algo a ver si por fin me casaba.  Toc Toc Toc La puerta sonaba. “Paola, Paola” mi madre llamaba desde el otro lado. “si mami, está abierto” le respondí. Mi madre entró y me miró de arriba a abajo, me sonrió y me dijo “estas perfecta, espero que entre francisco y tu surja algo pronto” me miro en el reflejo del espejo, le sonreí “yo también espero madre”. No iba a mentir, me gustaba la idea de tener un novio y explorar las cosas íntimas y quien quita, llegar a un matrimonio feliz. Mientras mi madre, me acomodaba un poco el vestido color vino, pegado al cuerpo hasta la cintura y luego se abría en unos lindos pliegues que me llegaba hasta las rodillas, mangas tres cuartos y cuello redondo, me dijo “desafortunadamente en la cena va a estar el otro hijo de Amanda, no sé si nos acompañará a la mesa, pero Amanda me informó. Llegó esta mañana y está más loco que nunca”. Demian. Era el hijo no deseado de Amanda, la señora más religiosa y de excelente reputación tenía un hijo rebelde, hace muchos años lo mandaron a un internado por problemas de droga y robos. La comunidad se solidarizó con la señora Amanda y no la culpan de que su hijo haya desviado su horizonte. Lo último que supimos sobre Kennedy, fue que se enlisto en el Ejército y lo mandaban a muchas misiones.  Mi madre me deja para que termine de arreglarme. Medellín, Colombia, 7:00 p.m. tomo mi teléfono celular, debo llamar a Jenna. “Hola Jenna, ¿cómo van las cosas?” le pregunto, cuando responde el celular - “Bien amiga, aquí terminando de arreglarme para mi cita con Eric” finalmente me responde. Suspiro. Es una mala idea de la cual no pude persuadirla, apoyada por una persona desquiciada como lo es Claire, ahogada en una vida con dos caras, la de esposa amada y madre abnegada y de depredadora de hombres en las aplicaciones por las noches. “Jenna, no estoy de acuerdo con lo que piensas hacer, eso es peligroso. No sabemos quién pueda ser ese tal Eric, en esas aplicaciones siempre dicen mentiras. Yo puedo presentarte a hombres respetables” le dije con voz tan suave queriendo que entrara en razón. “oh vamos Paola, a quien me vas a presentar? no tienes ni siquiera un hombre fichado para ti!!” respondió finalmente hundiendo sus palabras en mi. “solo quiero ayudarte y protegerte” dije un poco derrotada por la verdad “Cariño, no, lo siento. Sé que lo quieres, pero no te preocupes, es algo desesperado pero quiero hacerlo para sentirme bien. Claire, tendrá mi ubicación y los datos de Eric. Dime que estamos bien”. sonreí y le dije “está bien, me mandas esos datos a mi también, ok”. finalmente nos despedimos y me dirigí a la parte baja de la casa para salir con mi madre a la casa de la señora Amanda.  Finalmente llegamos a la casa de la señora Amanda, era como una mansión, era de clase alta y la principal benefactora de la iglesia. Esta cena tiene como misión celebrar el cumpleaños del líder de la congregación. aparque el carro al frente de su jardín, junto a los otros carros, supongo que son de los otros invitados. Entramos y como siempre impecable todo. La señora Amanda nos recibió tan cálidamente como siempre, abrazo a mi mamá y a mi me dio un beso, diciéndome “Querida te ves tan hermosa, Francisco se va a quedar muy impresionado”. Mmmm, como que me parece que mi mamá y la señora Amanda tenían esto en mente. Mire a mi mamá y me guiñó el ojo.  Entramos a la gran sala de estar y ahí estaba, muy guapo por cierto. Francisco. caminé hacia él, mientras saludaba a todos en la sala. Caras conocidas, incluso la del líder de la congregación. Cuando me vio, me sonrió. Nos abrazamos, había pasado un tiempo desde la última vez que nos vimos. “Hola Paola, que hermosa estas. Cada día el tiempo te hace ver mas hermosa” me dijo, no pude evitar sonrojarme “Tu también Francisco, te ves impecable y guapo” le respondí. Pasamos un largo rato hablando de su trabajo, del mío, de nuestros avances, estábamos bien. Hasta que entró el diablo en persona, y cuando hablo del Diablo en realidad lo estoy diciendo en serio, lo más parecido a un ángel caído. De por Dios, que había pasado. Un hombre alto, piel blanca acaramelada, ojos azules, musculoso en todas las extremidades y un tatuaje que le sobresalía de la camiseta blanca de cuello en V, peces, serpientes, lágrimas, flores era todo lo que podía ver en marco de mi vista en el tatuaje.  Santo cielo, era un bombón. Ni siquiera se parecía a Francisco. “Buenas noches, a todos” se obligó a decir cuando vio la casa llena de personas, “evidentemente mi madre olvidó invitarme a esta reunión” cruzó sus brazos, abultando más sus músculos e inmediatamente yo babeando. “Kennedy por favor, es una cena en honor al líder de la congregación y si no te dije fue porque apenas llegaste, saliste y no regresaste más” dijo la señora Amanda. Todos atentos, “por favor Madre, todos saben que no me quieres aquí y que solo me hablas así porque están estas personas aquí, que por ciertos son todos hipócritas que creyendo en dar a los pobres y celebrando fechas a los líderes de la congregación se ganarán el cielo” finalmente escupió Kennedy y todos jadearon. Es un idiota, no tiene respeto por nadie en absoluto. Eran verdad todas las cosas que decían de él.  “Suficiente Kennedy, por favor no hagas una escena hoy aquí” lo reprendió Francisco, giró su mirada a la fuente del regaño, miró a Francisco, me miró por un segundo y se despachó contra Francisco. “Vaya, si es mi hermano mayor, el santo y que no hace nada malo en su vida, que para mi es como una tumba, blanca por fuera pero por dentro lleva la podredumbre” sentí que Francisco se tensó a mi lado. Todos estaban callados, y no sé qué me poseyó. “Oye, grandulón, respeta a tu familia y sus amigos, deja para la intimidad del hogar los problemas que tengan” mi madre  me fulminó con la mirada. No me importó. “¿quién eres tú en primer lugar para venir…” no terminó de decir nada cuando su madre intervino “Ken, por favor, para. Por una vez en tu vida, detente” su madre sollozó. Kennedy la miró y se fue.  Las personas intentaron calmar a la señora Amanda, el líder de la congregación hizo lo suyo y normalizó las cosas, Francisco por su parte me pidió disculpas por el agravio causado por su hermano. Después de un rato cenamos y nos dispusimos a tomar asiento y tomar cócteles, yo jugo, pues iba a manejar. Francisco estuvo muy agradable y quedamos de ir al día siguiente a cenar y tomar algo para conocernos mejor. Sin embargo, tenía en mi mente a Kennedy como una persona tan hermosa puede ser tan cruel con su familia.  “Oye Francisco, iré al baño” le comenté a Francisco mientras hablaba con las demás personas, él me miró y me dijo “no vayas al baño social, ves al de la planta de arriba, dos puertas a la derecha” me dijo despreocupado, asentí. Subí las escaleras y abrí la puerta que creí que era, nunca había estado en el segundo piso. Para mi sorpresa no era ningún baño y lo que vi a continuación, fue como una cosa del otro mundo. Era presuntamente la habitación de Kennedy y estaba ahí como Dios lo trajo al mundo, secando su cabello, creo que salía del baño. Se sobresaltó cuando me vio. Madre bendita. Era hermoso y su pene era grande dormido. me mojé en los pantis. Lo mire a la cara, yo totalmente petrificada. El arqueo una ceja. Y yo abrí más mis ojos y solo pude gesticular “Lo siento, pensé que era el baño”. Salí de ahí como alma que lleva el diablo. Cuando llegué a la sala de estar Francisco me preguntó “¿qué pasa? pareces pálida” Dios, me imagino mi cara “mmm nada, no pude encontrar el baño, mejor voy al que está aquí cerca de la cocina” Francisco asintió, evidentemente distraído de las conversaciones que sostenía con los demás.  Entre al baño, contiguo a la cocina, habían algunas personas arreglando los trastos de la cena, hice mis necesidades y me eché un poco de agua en el cuello y detrás de la oreja, tratando de calmar el fuego. Salí, pero una mano me tapó la boca y me tiró hacia un pasillo que llevaba a un patio interno que daba con la sala de estar y el que salía de la cocina podía ver con facilidad el espacio. Él, era él. Kennedy me arrinconó en ese espacio. Podía escuchar las voces de las personas perfectamente y el tintineo de los platos en la cocina, se acercó a mi oído y me dijo “¿Qué sientes, que te hayas metido en mi cuarto o que hayas mirado mi mercancía sin hacer nada al respecto?” que mierda esta pasando, mi mente no coordinaba.  Empezó a besar mi cuello y en vez de forcejear con él, o hacer algún movimiento para liberarme, no hice nada. “Discúlpame por esa escena, no era mi intención ofender a nadie, solo es que no entienden lo que pasa en realidad” me dijo mientras me acariciaba, lentamente quitó la mano de mi boca, dejó de acariciarme, como esperando que yo me fuera. Pero no lo hice. Me voltee y lo besé. Dios santo, estaba en las nubes. No sé porqué lo hacía, era como si lo conociera desde hacía mucho. Me perdí en el beso correspondido.  En un momento estaba abrazada a él y al otro estaba de espalda con el vestido subido a la cintura, sin ninguna clase de pudor. Sus manos masajeaba mi clítoris, de mi boca salían gemidos susurrantes, lo hacia mas rápido, arremolinaban sus dedos y yo me retorcía de placer. Mi trasero sentía su pene, que estaba duro como el infierno en mi raja trasera. Piernas abiertas para su mejor acceso. Que estaba pasando madre mía. En un solo segundo volví en sí. Las voces al otro lado del jardín interno me sacaron del trance, el tintineo de la cocina me recordaba en el lugar que me encontraba y fue así que intenté soltarme. No me soltó. “tranquila, nada va a pasar, solo déjate llevar, déjame darte el placer que mi estúpido hermano no te va a dar nunca, no todo es lo que parece nena” con eso fruncí el ceño, cómo sabía él lo que pensaba con Francisco, sin embargo, mi yo analítico no demoro mucho cuando introdujo su dedo dentro de mi coño. Jadee. Esa sensación era algo celestial.  Siguió haciéndolo, con sus dos manos me tenía perdida. Un dedo de una de sus manos dentro de mí y otro dedo de la otra mano estimulando el clítoris, estaba cerca y él lo sabía. De repente sacó su dedo de mi interior, y en mi nubosidad de placer, sentí como lo reemplazó con la cabeza de su polla. Dios bendito. Le dije “nos van a ver y a escuchar” el me respondió “no si no gritas” con eso empujó y puso su mano en mi boca, ahogue mi grito en su mano. Dios. me daba y me daba, el detrás de mí, mi culo posicionado en su cintura baja. Yo apoyada con ambas manos en la pared. Me daba y me daba. Embestía y embestía mis ojos en blanco de placer. Escuchaba las voces en la sala de estar, el tintineo en la cocina, Dios nos iba a atrapar alguien. El escandalo del año. Mi coño se apretaba en su pene, era grande y me llegaba al cuello uterino, me vine, el espasmo de mis paredes tomaban la polla de Kennedy y lo apretaba, paró un poco el ritmo, mientras pasaba mi orgasmo demoledor. Pero en un instante siguió buscando su propia liberación, aceleró el paso. Dios otra vez, quería más de él, estaba construyendo otra vez mi placer. Unas embestidas más, empuje, empuje y su mano en mi clítoris, estimulación, toque, pellizque. Empuje y embista, una, dos, tres.... acelera el paso en mi clítoris con sus dedos, acelera el paso en sus embestidas. Se que está cerca y yo igual, se viene dentro, y en lo más profundo y yo me vine por segunda vez con él. Su respiración es pesada, la mía también. Nos separamos. Afortunadamente nadie nos vio. entramos al baño, arregle mis pantis y mi vestido. “Soy Paola” le dije mirándolo en el reflejo del espejo y me respondió “Lo sé, santa Paola”. Vergüenza. ¡Santa Paola no! Fácil Paola si!!. 
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