Su mirada había sido fría. Tanto que físicamente podía sentir el aire frío helar mi piel. Comencé a temblar como resultado. Una bilis, amarga y dura recorría mi garganta, impidiéndome pronunciar palabra. Quería salir de ahí, necesitaba salir de ahi cuanto antes. Su presencia me afectaba, aunque no lo quisiera admitir, aunque luchara con todas mis fuerzas, no podía seguir negándolo, porque su indiferencia me golpeaba de peor forma después de nuestro último encuentro. Y por si no fuera suficiente, la manera en la que sostenía a esa mujer, aprisionándola a su lado, me hacía querer llevar las manos a mi pecho, arañar, agarrar o quitar, lo que fuera que causaba esa presión que no me permitía respirar apropiadamente. Ian apretó su agarre en mi mano, ligeramente mas fuerte pero sin llegar a la

