Silvia despertó temprano, vistió a Tony y se arregló para su cita con Ivan —cita que había arreglado el día anterior—. No le había contado nada a su familia porque primero quería arreglarse con el padre de su hijo. Se vio al espejo y trató de sonreír, el vestido azul celeste que llevaba le hacía lucir su bronceado. Tony extendió las manos para que lo cargara y salió de la habitación con el niño en sus brazos. —Buenos días, hija —saludó su padre que pasaba por el pasillo, venía vestido de traje— ¿Saldrás tan temprano? —Sí, tengo un compromiso, no tardaré mucho, pero por si acaso te veo en la cena —besó su mejilla. — ¿Tony irá contigo? —se anudaba su corbata— ¿Quieres desayunar? —No gracias, desayunaré en un restaurante, tengo reservación —limpió la boca de su hijo. Antonio apretó los l

