En la mañana escuchó sonar su celular, salió corriendo del baño para alcanzar a contestar, ¿quién la llamaba tan temprano? — ¿Sí? —dijo sin aliento. — ¿Te desperté? —escuchó que su padre preguntaba. —No, estaba dándome una ducha —sonrió agarrando aire— ¿Qué pasa? —Nada, sólo quería saber cómo estabas. —Papá, sé que hablas para asegurarte que iré a la oficina —lo descubrió tras suspirar— No es necesario, esta vez voy por mi cuenta, nadie me está obligando. —Lo siento, tienes razón —aceptó nervioso— Te veré en una hora. Emma colgó y no pudo evitar sonreír. Antonio debía estar realmente preocupado para ponerse así de insistente. Dejó el celular en la cama y volvió al baño. Unos minutos después salía ya limpia y con el cabello seco y arreglado. Lavaba sus dientes con cuidado, no estaba

