Antonio comenzó a preparar la cena que daría esa noche. Estaba contento pues las cosas se estaban arreglando con lentitud pero con muy buen ritmo. Emma había sido madura y profesional al presentarse con sus colegas. Se quedó sorprendido por su fortaleza y confianza. Estaba tan orgulloso de ella. Su hija se había convertido en toda una mujer, una extraordinaria mujer que tenía un futuro prometedor. Metió lo que sería el postre al horno —un suflé de chocolate— y programó el minutero. Desató su delantal cuando estuvo contento con el resultado de su trabajo. Se daría un baño primero y después terminaría de cocinar. —Silvia —llamó a su hija. Ella se asomó a los minutos. — ¿Qué ocurre, papá? —Estoy haciendo un suflé para la cena, ¿podrías llevar a Tony a tu habitación? Si se hace cualquier

