Capítulo 6

2389 Palabras
Su aliento alcohólico chocó contra sus fosas nasales, estaba ebrio. Catherine se hizo aún lado y se alejó de él, tenía que admitir, que al ser llamada con el apodo que le dio, la hizo flaquear por un momento, pero no al grado de caer. Marcus cerró sus ojos, decepcionado, había creído que no iba a poder resistirse, se dio cuenta que era más fuerte en ese momento, de ser el, no hubiera podido parar de ser necesario. —¿Estás ebrio? —Tomé algunas copas, sabes que no lo estoy. —Se giró sobre sus talones y observó como a Catherine le costaba respirar, no estaba bien. —Por favor vístete. —Señaló su desnudez. —Lo que ordenes... —D'monte dejó caer la toalla sobre el suelo, haciendo que Catherine soltara un chillido de asombro y se diera media vuelta, totalmente sonrojada. Había visto mucho para su gusto—. No hay nada que no hayas visto antes, gatita. —No me digas así —reclamó mordiéndose el labio. Estaba haciendo mucho calor y no le gustaba para nada—. Será mejor que me vaya. —Estuvo a punto de salir cuando sintió la mano de su esposo apresando la suya. —¿A qué has venido? —Si ya estás vestido y dejas de lado tus ofrecimientos sin sentido podríamos hablar. —Marcus bufó, era divertido ver como la rubia se contenía ante sus deseos, pero tenía que hacer lo que le pedía si quería hablar bien con ella. —Lo haré, espera aquí. —Se dispuso a buscar algunas prendas sencillas, un pantalón de chándal y una camisa negra holgada—. Puedes girarte. Shay lo hizo de forma pausada, no confiaba mucho en su palabra. Cuando lo vio vestido pudo respirar un poco y calmar su agitado corazón. —Tenemos que hablar sobre Serkin. —Su mirada se endureció y la de Marcus no se quedó atrás—. Erick me contó sobre tu trato con la DEA. —¿El idiota no sabe lo que significa confidencial? —Caminó hacia su buro observando él porta retratos que seguía ahí. El recuerdo de Christopher lo obligaba a endurecer su corazón cuando se trataba de su asesino. —Le dije que quería dejar el caso por ti y él me confesó lo que pasó hace años. También sé por qué buscas a Serkin y... —No intervengas —exclamó severo—. Lo mataré con mis propias manos. —Siguió admirando la foto mientras cerraba sus puños con fuerza—. Y nadie de ustedes podrá detenerme. —Sé lo que sientes, recuerda que también es el culpable de la muerte de mi padre, pero esa no es la manera... él es... —Trató de convencerlo, sin embargo, no podía decirle todo. —¿Él es, que? —Marcus la miró al notar como se quedó callada. Catherine desvió la mirada—. Claro, confidencial. —Bufó y caminó de nuevo hacia ella—. ¿El idiota de Larsson te mandó para que me sacaras información y me convencieras de que no haga nada respecto a Luke? —Shay se quedó callada dándole la razón. D'monte hizo ese movimiento distintivo que realizaba con su lengua, empujando desde el interior de su mejilla cuando algo le molestaba, tratando de retenerlo sin conseguirlo—. Tengo que decir que me decepcionas, tus antecesoras eran mucho más persuasivas que tú. —Dio un paso más a ella—. No pudieron lograr que les dijera nada, pero al menos pasamos un buen rato. —Alzó una ceja sugerente. —¿Qué? ¿Tú y ellas? —No quería ni siquiera imaginarlo, joder le fue imposible. —¿Crees que el idiota de Larsson te merece cuando te envía a mí, sabiendo lo que puede pasar? —La arrinconó sobre la pared—. Yo primero me hubiera cortado la mano, antes de dejar que alguien que no fuera yo te tocara. —Catherine recordó las palabras de Erick y en como no tenía problemas con que usara otros métodos de convencimiento. ¿A eso se refería? Se mordió el labio bajando la mirada, de nuevo empezó a sentirse caliente, cada vez que estaba así de cerca de Marcus lo estaba. D'monte delineó su frente con la yema de su dedo, hizo a un lado su cabello rubio y bajó lentamente hasta su mejilla, siguiendo hasta sus labios rojos donde los jugueteo hasta que ella misma subió su rostro, mirándolo con sus hermosos ojos azules. Shay odiaba cuando su cuerpo y ella reaccionaban de una forma favorable a cada una de sus acciones, como si no pudiera pensar por sí misma. —Te aseguro que ni siquiera te hace sentir lo que yo. —Con el pulgar siguió jugando sus labios hasta que abrió un poco su boca dejándolo pasar. Sus ojos se intensificaron y Catherine lo miró diferente, deseosa —. Yo fui el primero en tu vida y el único que te conoce de pies a cabeza, eso jamás podrás cambiarlo... —Gruñó cuando la rubia abrazó su dedo con sus labios y lo empezó a succionar, lamiéndolo con tanto esmero. Catherine subió la mano hasta su cuello y lo jaló con decisión uniendo sus labios, tenía que admitir que Marcus tenía razón, era un maldito, pero un maldito que aún amaba para su mala suerte, no podía ponerle más freno a esto que sentía, era por eso que se negaba a verlo, sabía que si lo hacía pasaría lo que ahora estaba pasando y no podría detenerse, porque era débil cuando se trataba de Marcus D'monte. Con fuerza lo empujó sin separarse, caminando hacia atrás, llevó su mano libre al interior del pantalón de chándal tomando entre ella el pene erecto de su esposo y empezó a moverlo con rapidez. Marcus gruñó de nuevo cuando sintió su cálido tacto sobre su falo, sosteniéndose de la cintura de la rubia. Cayó sobre la cama, sentado y miró glorioso como Catherine se hincó sobres sus pies, jalando su pantalón junto a su bóxer, se lamió los labios y la miró nuevamente totalmente decidida. —¿Estás segura? —Era la pregunta más idiota que podía hacer, quería sentirla desde que la vio de nuevo, pero no quería que se sintiera forzada. Catherine no contestó cuando metió el pene a su boca y lo abrazó fuertemente con sus abultados labios, mientras lo succionaba de una forma deliciosa y soltaba un Pop al sacarlo. D'monte inclinó su cabeza hacia atrás al sentir y disfrutar de la sensación que le estaba regalando, se sentía en el cielo y el infierno al mismo tiempo, Shay repitió el mismo proceso una y otra vez, podía tocar incluso la campanilla de su garganta, estaba a punto de llegar con solo la imagen frente a él, tomó el rostro de la rubia haciendo que dejara por un momento su trabajo, ahora era el quién quería demostrarle como podía hacerla sentir. Se quitó la camisa y se sacó el pantalón por completo quedando totalmente desnudo, giró a Catherine, recostándola sobre la cama, ella seguía con sus labios rojos e hinchados por la felación y miró expectante cada acción suya. Marcus empezó a ayudarla a quitarse su estorbosa ropa, quería verla, tocarla de todas las formas posibles. —Mi linda gatita. —Sonrió cuando la observó gloriosa, como lo recordaba, con su piel lechosa, sus senos perfectos con esos botones rosas y esas piernas torneadas. —Enséñame que sigues siendo tan bueno como lo recuerdo —Catherine musitó mientras abría sus piernas para que tuviera mejor acceso. Marcus se inclinó sobre ella, directo a sus labios, la besó sin quedarse mucho tiempo ahí y bajó lentamente besando todo a su paso, sus pezones los mordisqueo y lamió, sonrió triunfante cuando el cuerpo contrario se erizó por completo y soltó un gemido entrelazando sus dedos entre las hebras de su cabello. Tomó con fuerza su cintura y en un momento rápido la giró sobre el colchón, Catherine soltó un gritito por la sorpresa y D'monte azotó su culo como respuesta. Observó su bien formada anatomía sin saber como había sido capaz de sobrevivir sin ella, alzó sus caderas poniendo su culo en popa y separó muy bien sus piernas. Catherine se meneó con desesperación, quería que la follara de una buena vez, lo había esperado por mucho, cuantos orgasmos a medias había tenido que vivir para estar de nuevo entre sus brazos, la tenía totalmente frustrada cuando solo la acariciaba, ella quería mucho más. —Marcus, Por favor... —El azabache se inclinó de nuevo, colocando su rostro entre las dos mejillas, separándolas con la ayuda de una de sus manos, cuando Catherine sintió la lengua húmeda de Marcus sobre su entrada fue como si todo su sistema se hubiera reiniciado, la sensación era la mejor de su vida y la había olvidado por completo. D'monte tenía razón, podía estar con Erick y quererlo, pero su cuerpo entero le pertenecía a él. —¡Ahh Dios! ¡Marcus! ¡Así! ¡Más! —Llevó una de sus manos hasta el cabello contrario, empujando con fuerza. Con su lengua dilató su entrada para que pudiera recibirlo sin dolor, le encantaba hacerle esta clase de cosas, ver como se extasiaba al punto de ebullición y solo lo confirmaba con cada gemido que salía de su boca. Besó su espalda hasta su nuca y oreja, jaló un poco de su cabello rubio para susurrarle. —Estás tan mojada por mí, solo por mi, gatita. —Se burló de ella. Catherine iba a replicar cuando abrió su boca sin soltar sonido alguno, al sentir como entraba en ella en una estocada. Marcus apretó su mandíbula al apreciar como sus paredes aterciopeladas lo recibían, tan maravillosamente bien. Se quedó quieto por unos segundos, a pesar de que la había dilatado entendía que Catherine no había tenido contacto con un hombre con el tamaño de su pene y necesitaba acostumbrarse. Se inclinó de nuevo hacia atrás y la atrajo consigo, pegando su espalda con su pecho moviendo sus caderas de forma pausada. Era tan excitante escucharla gemir su nombre mientras besaba su espalda y la follaba. —¡Joder, me encanta! —Sé que lo hace. —Salió de ella girándola para recostarla totalmente en la cama, abrir sus piernas e instalarse entre ella, penetrándola de nuevo. —Yo soy el único que sabe donde y como follarte, gatita. —Poseyó sus labios mientras cada gemido era callado por sus besos. Las manos de Catherine recorrieron los pectorales y brazos fuertes de su esposo, recorriendo hasta su espalda arañándola a su paso. Subió sus piernas hasta sus caderas donde las enroscó para que pudiera moverse más rápido. Jamás imaginó que volvería a experimentar esa sensación, Marcus sabía exactamente como moverse, hasta el punto de necesitar sus propios gemidos al sentir con mucho anhelo como su pene estaba rozando su interior. Sus piernas se sintieron débiles. D'monte las subió a sus hombros haciendo que entrara mucho más profundo, Catherine se estaba volviendo loca, las sensaciones eran tan abrazadoras que creía que en cualquier momento podía morir. Arañó las sábanas y se tocó, buscando su liberación. Arqueo la espalda con desesperación. —Dime que soy el mejor. Que habías esperado por esto... por mí. —Eres un hijo de puta... —exclamó, sin embargo, no permitió que parara. Si, a pesar de todo el buen sexo que le estaba dando aún seguía odiándolo por su engaño y nada iba a hacer que lo borrara de su mente. —Eres mía aunque no lo admitas. —Besó su cuello, olisqueando aquel aroma que le encantaba, lo lamió a su antojo y gruñó sobre su oído cuando empezó a sentir como sus paredes lo abrazaban con más fuerza, era una señal de que estaba a punto de correrse. —No soy tuya, ni de nadie. —Catherine acunó el rostro de su esposo sobre sus manos y permitió que viera su reacción al llegar a su orgasmo, se mordió el labio con tanta fuerza que lo sangró y cerró los ojos por inercia. Para Marcus eso era suficiente, por ahora. Lamió sus labios rojos por la sangre buscando su propia liberación hasta que Shay sintió como su tibia esencia era esparcida en su interior. D'monte gimió como hace mucho no lo hacía mientras saboreaba la sangre de Catherine y besaba tiernamente su rostro. La rubia se alejó de él apenas la euforia del orgasmo había pasado, se levantó de la cama y empezó a buscar su ropa. —¿Qué haces? —No respondió. Marcus tenía la esperanza de que después de esto algo entre ellos hubiera cambiado, pero al parecer no era así. Se paró y la detuvo antes de que se pusiera su ropa. —Sabes que esto no debió pasar. —No se atrevió a mirarlo a los ojos. —¿Qué quieres que haga para que esto cambie? —Necesitaba una solución, después de lo que acababa de hacer no podía simplemente hundirse de nuevo en la maldita depresión. —Sabes que no hay nada que hacer... —Has venido por Serkin ¿no? ¿Qué pasa si los ayudo a encontrar lo que buscan de él? —Está vez Catherine lo miró incrédula. —¿Por qué lo harías? Lo quieres muerto. —Tenía razón, sin embargo, podía hacer las dos. —Cuándo la DEA tenga lo que busca yo podré hacer lo que quiera con él, lo que sea con tal de que estés a mi lado. —Parecía absurdo y un poco loco lo que estaba proponiendo, la verdad era que estaba desesperado por recuperar a Catherine y a su familia. Ahora sabía que ella aún lo amaba como él lo hacía y no iba a descansar hasta volver a estar juntos. —¿Quién te dijo que yo trabajaría contigo? —Catherine lo miró seria. —Sé lo mucho que les importo a los tuyos, si no, no abrías venido a convencerme. Esa es mi única exigencia, o trabajo contigo o no hay trato. En este momento puedo alzar el teléfono, llamar a Frank para darle la orden de que lo ejecute. —Habló tan enserió que de verdad pensó que sería pacas de hacerlo si se negaba.
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