Capítulo 04

1576 Palabras
No lo aceptaría. Solo le hice creer que me había convencido para ganar algo de tiempo, lo principal era saber dónde estaba mi hermano, luego de ponerlo a salvo llamaría a las autoridades, lo que estaba haciendo este hombre era ilegal, y si lo que me había dicho es cierto no era lo único de él que lo era, solo debía ser astuta y conseguir poner a salvo a lo único que me ponía en desventaja Austin. Luego de nuestra “conversación” ese hombre me permitió volver a mi apartamento, bueno no realmente, cuando iba a decirme sus reglas recibió una llamada urgente que lo hizo postergar nuestra conversación me dijo que lo esperara que pronto vendrían por mí, obvio no lo haría, busco entre mis cosas mi teléfono cuando lo encontré debajo de las sabanas jadee, solo me quedaba 1% de batería, revolví la cama buscando mi cargador, nada, revise mi mesa de noche, nada, cuando rebusque en el pequeño estante de libros a un lado de mi escritorio lo encontré detrás de un libro, no me quedaba tiempo, me tire sobre la cama golpeándome la rodilla, ignore el ruido seco al golpear la madera, buscando el primer toma corrientes que vi junto a mi cama cuando conecte el cargador a la toma levante las manos para conectar el teléfono y la pantalla se oscureció, la batería había muerto. —¡Maldición! —Gruño, enterrando la cabeza en las almohadas, sintiéndome estúpida, suelto el aire de mis pulmones con fuerza de forma estrepitosa, aparato inútil, levanto la cara de la almohada soplando el mechón que colgaba frente a mi cara, y ahora si conecto el teléfono que muestra el icono de energía, suspiro, ahora debía esperar. Mi mente se pierde por un momento cuando un olor particular me trae devuelta a la realidad y bajo mi cabeza hasta que mi nariz está cerca de mi pecho, arrugo la nariz, huelo a cebollas podridas y alcohol, debo darme un baño ya mismo, con eso en mente salgo de la cama doy algunos pasos hasta mi pequeño baño y cierro la puerta tras de mí, me quito la ropa con pesadez dejándome caer en la ducha abro el grifo, doy un pequeño salto pero luego mi cuerpo se acostumbra al agua helada, el agua fría despeja mi mente como un ansiolítico natural, tengo hasta esta noche para salir de este dilema, me paso las manos por la cara cuando el rostro de ese hombre invade mis pensamientos, pego la frente a la pared tomando mi pecho con mi mano derecha, me cuesta respirar, siento que mi pecho se comprime, no entiendo que me sucede, la intensidad de sus ojos es una amenaza para mí ahora mismo, porque no me dejaría atrapar en sus garras. Luego de algunos minutos salgo de la ducha envolviendo una toalla alrededor de mi cuerpo, en mi habitación tomo mi teléfono que ya ha recuperado su carga por completo cuando lo enciendo mis ojos se abren como platos. ¡11: 45 am! Solo tengo 15 minutos para llegar al café, Ronald va a despedirme si llego tarde, como una bala busco y me visto con unos jean negros gastados y una sudadera verde que conseguí apenas abrir el armario, me pongo mis zapatos deportivos sin una pizca de delicadeza tomo mi mochila y salgo a toda velocidad del apartamento, corro calle abajo hasta que mis piernas arden y mi respiración es un desastre, solo conseguí acortar una manzana, que vergüenza, mi condición física da pena, camino lo mejor que puedo hasta que dos cuadras después puedo ver el anuncio rustico y acogedor del café, como una joya escondida, Pearl coffee,el sitio que durante 1 año y medio se había convertido en mi segunda casa, no miento al decir que paso casi todo mi tiempo fuera del campus, abro la puerta de cristal con cautela maldiciendo el ruido de la campaña, velozmente me escabullo hasta el vestidor de las chicas dejando mi mochila en el banco busco en el bolsillo trasero la llave de mi casillero sacando mi uniforme, la camiseta azul celeste con el logo del café una perla humeante y mi delantal color crema, Ronald diría espuma de mar pero nadie se traga eso, me ato mi cabello castaño en una coleta alta antes de salir del vestidor, en mi camino a la barra tomo teléfono debo intentar contactar a Austin de alguna forma, estoy bastante sumergida en la pantalla cuando mi teléfono repica alguien me embiste haciendo que mi teléfono caiga al suelo. —¿Te fallan los ojos? —Cuestiona de mala gana Lina, mi compañera de turno, tan agria como siempre, respiro profundo recogiendo mi teléfono del suelo, conteniéndome para no caer en su provocación. —Qué tal lina—Digo a modo de saludo con la intención de pasar por su lado y seguir con mi camino pero su mano me retiene tomándome el brazo. —¿Qué estás haciendo aquí? —Cuestiona tomándome por sorpresa, junto las cejas dejando que mi mirada baje hasta su mano que retiene enérgicamente mi brazo, este día no puede ser peor. —Trabajar ¿Qué no es obvio? —Cuestiono de mala gana imitando su tono, tiro con fuerza de mi brazo liberándome de su agarre, ella levanta una de sus cejas fulminándome con sus ojos cafés. —Tú ya no trabajas aquí—Asegura con superioridad sonriendo como una lunática, mi corazón se detiene un segundo, abro la boca para protestar, pero alguien detrás de mí me interrumpe. —Pensé que ya no vendrías Cloe—Me reprocha Ronald poniéndose a un lado de Lina, Ronald es el encargado del café, un tipo bajo de mediana edad bastante meticuloso, que odia solo dos cosas más que a su ex esposa, la suciedad y la impuntualidad, estoy en problemas. —Buenas Ronald, ya me pongo a trabajar—Dije eso con una sonrisa nerviosa, casi girándome sobre mis talones cuando sus ojos negros se entrecierran mirándome con severidad, Lina ha querido echarme desde que llegue por eso solo ignoro su comentario. —Detente ahí, Cloe—Me arruina mi plan de escape interponiéndose en mi camino, algo no va bien, puedo verlo cuando entrelaza sus manos por detrás de su espalda en un gesto militar, junto los labios en una línea sin saber que decir—Ven a mi oficina. Resignada camino detrás de él a su oficina, que está justo en la entrada de la cocina cierro la puerta tras de mi sintiendo como mi estómago tiembla de los nervios. —¿Quieres hacerme perder la cabeza? —Cuestiona irritado tomando asiento en la silla de su escritorio, su oficina es bastante pequeña, el café es un negocio emergente así que en su mayoría la oficina está llena de ingredientes y archivos además de una pantalla que muestra las cámaras, solo hay tres sillas entorno al escritorio, la de Ronald y unas dos más frente al escritorio, al verlo tan enfadado no me atrevo a sentarme. —Fue mi error pero te lo compensaré, hare horas extras mañana—Me excuso rápidamente tratando de disminuir su notable enfado. —¿Ahora te haces la inocente? Tú hermano vino está mañana me dijo que renunciabas y ahora vienes como si nada Cloe—Me cuenta dejándome aturdida, Austin estuvo aquí, y no se tomó la molestia en avisarme que estaba bien, peor aún quiere hacer que me echen de mi trabajo, seguro los golpes lo dejaron mal de la cabeza, porque sin este trabajo no tendría forma de sobrevivir. —Ronald yo… no entiendo porque Austin te ha dicho…—Comienzo a decir atropellando las palabras cuando mi móvil empieza a sonar, el nombre de Austin reluce sobre la pantalla y me demoro en tomar la llamada. —Austin ¿Estás bien? ¿Dónde estás? —Cuestiono preocupada con la voz en un hilo, —Cloe tienes que hacer todo lo que te digan, son gente muy peligrosa—Responde de vuelta con la voz temblorosa, mi estómago tiembla siento el sudor en mis manos cuando mis piernas se debilitan. —Solo dime dónde estás, saldremos de esta juntos—Aseguro armándome de toda mi fuerza de voluntad, debo ser fuerte. —No vengas ellos tienen mi apartamento vigilado—Me ruega del otro lado, cuando un ruedo estridente llena la llamada de su lado, me llevo la mano a la boca, luego todo es interferencia. —¡Austin! ¡Austin! ¡Austin! —Grito una y otra vez, pero no consigo una respuesta, cuando miro la pantalla la llamada ha finalizado, intento volver a llamarlo, pero su teléfono suena fuera de cobertura, esto es terrible, simplemente espelúznate. —¿Cloe que fue todo eso? —Cuestiona Ronald cruzando el escritorio para venir a mi lado poniendo la mano sobre mi hombro, no lo pienso. —Debo irme mi hermano no está bien—Aviso decidida saliendo de su oficina, entro al vestidor de las chicas tomo mi mochila y me quito el delantal cuando salgo, me paralizo al ver su rostro entrando en la cafetería, está el chico que me llevo a la fuerza está mañana, siento todo mi cuerpo rígido, el ha venido por mí, siento que no respiro, cuando se acerca lentamente a donde estoy sin apartar su mirada de mí, bloqueando la única salida. —Hola hermanita—Saluda con una sonrisa siniestra delante de mí.
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