Ha llegado la hora del descanso de media mañana y necesito desesperadamente un café bien cargado. Si no me lo tomo es muy probable que me quede dormida sobre el teclado del ordenador teniendo en cuenta lo mala que ha sido la noche. Las enfermeras me han ofrecido ir con ellas a la cafetería, y también se han ofrecido a traerme el café a la consulta, pero a mí no se me ha ocurrido mejor idea que la de declinar ambas invitaciones. Me levanto con un suspiro y me dirijo hacia la cafetería. Las enfermeras con las que comparto consulta no están a la vista, seguramente habrán salido a fumar, al menos Juan tampoco se encuentra presente. —Un café solo, por favor. Con tres azucarillos. La verdad es que odio profundamente el sabor del café solo, pero es lo único que hará que consiga mantenerme des

