Suspiro de alivio cuando entro en la cafetería, pues Juan no está a la vista. Lleno la bandeja con la comida y me siento en la mesa de unas doctoras en la que solamente queda un sitio libre, de esta manera cuando llegue Juan no podrá sentarse conmigo. Charlamos animadamente unos minutos mientras comemos. Afortunadamente tengo muy buena relación con todos mis compañeros del "Saint in Pla" y puedo hablar con cualquiera de ellos de cualquier tema sin sentirme una completa extraña. Alzo la mirada del plato y veo como Juan entra en la cafetería y me busca con la mirada. Me da un vuelco el corazón, desearía agacharme y esconderme bajo la mesa pero él ya me ha visto. Además, no sería muy decoroso de mi parte... Y mis compañeras de mesa se extrañarían por mi comportamiento. La decepción se

