En el mismo momento en que pongo la mano sobre la manilla de la puerta para salir de la ducha noto cómo baja por sí misma... ¡Alguien la está abriendo desde fuera! ¡No puede ser posible! ¿De verdad Juan será tan osado? ¿Realmente se va a atrever a entrar en la ducha conmigo? ¿De verdad está entrando en este mismo instante? ¿Ni siquiera va a respetar el hecho de que éste es el baño de mujeres? En milésimas de segundo reacciono. Busco a mi alrededor y veo que solamente está el toallero, esa barra de metal para colgar la toalla que casi nadie utiliza porque la toalla siempre queda empapada. Con un sólo movimiento tiro hacia arriba de la barra para desengancharla de sus tornillos y me armo con ella muy cerca del pecho. Soy consciente de que de esta manera no puedo cubrir mi cuerpo desn

