A las nueve de la mañana, toco la puerta Don Pascuale, quien estaba vestido con la gran sotana a azul oscuro, pero sin la cinta en la cabeza; deduje que era, porque allí le pondría la corona en el pozo; salimos, y el servicio de protocolo de sus hombres era idéntico a la primera vez que fuimos al manantial; de allí en adelante todo fue idéntico, hasta que llegamos a la orilla del pozo. Se repitió el mismo protocolo; con el iluminado delante del sacerdote, y este haciendo una plegaria al gran espíritu; terminada esta, el iluminado se lanzó al pozo y desapareció rápidamente tragado por las aguas; después de diez minutos en silenciosa espera ,se escuchó aquel alarido espeluznante que parecía que venía de todas partes, pero aún más fuerte que la vez anterior; el sacerdote, extendió sus mano

