DOMINIC
-¡¡Oh cielo santo!!, ¡¡cariño!!- Jadeaba la voluptuosa pelirroja que tenía sobre mí, gimiendo por la saciedad que mi fisonomía podía brindarle.
Sonreí.
Era un jodido hijo de puta que sabía sacar cientos de incoherencias de cuánta damisela clamara por meterse en la amplia cama de la que resultaba dueño. Y me sentí orgulloso de ello.
Una vez satisfecho retirando su cuerpo de forma un tanto brusca dispuse a buscar las prendas femeninas por la habitación... Puesto que ello evidenciaba que su tiempo de princesita fácil, de mujerzuela entre mis piernas... Había culminado.
El bombón exótico que ahora observaba confundida bramó de furia cuando la ropa interior aterrizó de lleno en su rostro., una clara señal de que debía marcharse del apartamento., de que la puta me estaba literalmente... Aburriendo.
-¿Qué demonios Dominic?- Espetó más que colérica, -¿qué te piensas?
Oh sí, estaba enojada y me valía mierda.
-Te lo advertí cielo era sólo sexo.- Refuté indiferente, encogiéndome de hombros, -Y sencillamente no resultas una señorita que pueda prolongar la diversión.
-¡¡Eres un gran hijo de puta!!- Masculló con veneno.
¡¡Benditas mujeres!!...
Interiormente la situación pecaba de cómica, graciosa y en algunos casos incluso inaudita.
Prendadas todas ellas de una confianza inexistente... Una conjetura tonta donde mezclaban el sexo y placer casual con el vínculo afectivo.
Creyendo así que un revolcón en mi apartamento les brindaba el derecho absoluto de siquiera estimar que podía llegar a existir algo más... Y cuán equivocada estaba cada una al pensar semejante idiotez.
Tomaba lo que quería y luego lo descartaba, así funcionaba mi vida, a ello se reducía y así me gustaba. Nada me interesaba más que mi propósito real y en consecuencia déjenme decirles... Distaba muchísimo de la realidad comprometerme a una relación estable con alguien.
-Realmente amorcito te doy la razón... Soy un hijo de puta.- Le afirmé asintiendo, volviendo en sí al problema en cuestión.
-¡¡Ojalá te pudras en el infierno!!-Vociferó auténticamente molesta, -¡¡¡cretino de mierda!!!
Alcé una ceja en su dirección. Si pensaba que me hería con sus comentarios sardónicos, pues llevaba la contraria.
-Hace mucho que vivo en él.- Repuse de manera fría, cortante y siniestra, hastiado de seguir apreciándole el fácil rostro que portaba.
-Déjame decirte Dominic, que cuando realmente quieras amar a alguien esa persona jugará la partida mejor que tú y terminarás con el corazón hecho añicos entre tus manos.- Advirtió mordaz, deseando redoblar la apuesta verbal, -Y voy a lamentarme tremendamente no poder estar sentada en primera fila para ver el espectáculo completo.
Abrí las orbes sorprendido por la desfachatez y el coraje de la prostituta con aires de psicóloga y mafiosa.
Ésto realmente estaba saliéndose de control y el cabreo en mí aumentaba en un nivel desmedido, tanto que tomé del brazo a la bocona sin importarme si estaba vestida y de un tirón la saqué de mi apartamento.
-¡¡Pues hay algo que se te olvidó de tu conclusión de mierda!! ... Y es que no tengo corazón,- espeté con ira, -¡¡así que puedes irte con tus parafraseos y gilipolleces a la gran hostia cielo!!
La zorra me observó atónita mientras con mucho gusto cerré la puerta en su cara.
Con qué puto derecho venían a hablarme de esa forma., quiénes se creían que eran como para darme una retórica tan baja y barata... Pasé varias veces la mano por mi cabello intentando calmar el arrebato pero era en vano, estaba furioso.
Ellas me daban lo que yo quería y punto, me interesaba nada si deseaban citas románticas, hablar de su vida, una relación estable o el mero hecho de que les hiciera el amor.
Para eso que buscaran pareja en otro lado. Lo mío se basaba en el sexo, salvaje, brutal, o lujurioso como quieran llamarle. Y la monotonía de una sola puta exclusiva para mí tampoco me iba bien. No podía permitirme la distracción que una mujer pudiese ofrecerme. No cuando mis planes, trazados a futuro con una perfección escalofriante distaban mucho de algo tan banal.
Era fácil conseguirlas. Bastaba mirarlas de la forma que sabía se me daba jodidamente bien cómo para que las tuviera comiendo de la palma de mi mano... Entonces la pregunta resultaba retumbante... A la que se me antojase la tenía en una plena y absoluta merced., ¿para qué encadenarme a una pudiendo probarlas, saborearlas y descartarlas a todas?
Tan fáciles resultaban ellas que ni siquiera les preguntaba su maldito nombre ya las tenia gimiendo por mí al oído.
Sonreí siniestro rememorando el suceso de la noche, uno que me dejó varios frentes de ataque a mi entera disposición.
Tan sólo, tan sólo... Tuve que preguntárselo a ella... Un nombre que ya conocía bastante bien, pequeña atrevida.
Asentí maliciosa y maquiavélicamente.
Si su papito hubiese visto lo dispuesta que estaba la pequeña princesita a comerme entero le habría dado un infarto del disgusto.
Largué una sonora carcajada. Ésto iba a ser más sencillo de lo que podría llegar a imaginar, y solamente de llegar a imaginarlo logró extasiarme a niveles desorbitantes.
Victoria... Las imágenes que tenía encarpetadas en mi despacho no le hacían ni reverenda justicia a lo que jodidamente sexy era.
En mi puta existencia había visto unos ojos tan acaramelados como los suyos. Sin lugar a dudas podría tener a cualquier tipejo a sus pies con sólo batir las largas pestañas, y sin embargo la descarada mantenía una relación con un imbécil drogadicto obseso por el poder.
Me encogí de hombros ante el inminente escozor que se me atravesó en el pecho, vanagloriándose por mi mente la relación de esos dos sujetos...
Me valía mierda, el fin justifica los medios...
Y yo iba a optar por todos los medios posibles, para conseguir mi fin.
Tomé mi celular y llamé al bastardo que tenía por amigo, hermano de la vida.
La línea sonaba al otro lado, hasta que la adormilada voz de Iván respondió -¿Ah?
Tuve que rodar los ojos, el imbécil estaba durmiendo.
-¿Está hecho?- Era una pregunta de la cuál quería cerciorarme la obvia respuesta.
El gilipollas largó una risita suave, como si ello fuese una novedad.
-Tranquilo Dom, todo está bajo control, ahora déjame seguir disfrutando.- Refunfuñó colgando la línea.
Por el amor de Dios adoraba a ese marica, era el único cable a tierra que me quedaba en la vida.
Dando media vuelta y retornando a la recámara de la discordia, me recosté en el amplio somier con un gesto complaciente adornándome el rostro... Puesto que evidentemente necesitaría de mis energías al cien por ciento para sobrellevar lo que se avecinaba...