CAPÍTULO 8

1503 Palabras
VICTORIA -Y entonces me dijo para volver a vernos, realmente siempre desconfié de f*******:, pero ésta vez se lleva un merecido aplauso , menudo guapetón he conocido... Reina Victoria, ¿me estás escuchando? Parpadee un par de veces y la miré con fingida vergüenza. Si bien contó la historia del derecho al revés y viceversa, me encantaba verla tan alegre... Consecuencia de la nueva conquista que se llevaba los galardones. Siendo así que por confesión de mi mejor amiga dictó de que la verdadera intención de aparecernos en aquella discoteca era con motivo de encuentro por primera vez, con su mencionada cita. Y también su posterior abandono, que ya le he disculpado. -Sí, me has dicho que se volverán a ver Emms. -Vic te encuentro en otra galaxia. Dime, ¿sucede algo? Bombardee tu diminuta mente con mi historia y estoy intuyendo que alguna cosa te tiene preocupada. Le miré con pesar. Resultaba imposible ocultarle mis estados de ánimo a Emma. Me conocía como la palma de su mano, mentirle a ella sería una gran estupidez. Inspirando hondo y dándole un sorbo al latte que tenía delante reparé en la rubia de ojos esmeraldas que aguardaba expectante -Estoy sugestionada quizá- abrió las orbes ante el comentario, comenzaría a psicoanalizarme, -pero han pasado cuatro maravillosos días en que la paz reinante a mi alrededor me está agobiando., mi padre y Nicolás han estado aterradoramente en silencio y eso me asusta de sobremanera. -¡¡Vicky!!, sin dudas eres la Reina del drama, ¿no te parece que estás siendo un poco paranoica?- Infirió alzando una ceja inquisitiva. -Ojalá fuesen paranoias mías Emms, pero te juro que algo malo ocurrirá, de verdad. Achinando los ojos como si pudiera sacar alguna conclusión del aire, Emma se mantuvo en silencio. De repente dio un manotazo a cualquier lado y se levantó de su asiento en el Starbucks donde nos encontrábamos tomando algunos bocados. -¡¡Dios Vic!!, necesito otro latte con crema batida y chispas de chocolate para poder pensar con claridad- puse los ojos en blanco al instante, muy propio de ella, eso considerando que yo era la Reina del drama -¡¡y mira esas donas con cubierta de chocolate que estoy viendo por ahí!!- relamió sus labios, -tienes razón algo se traen Hitler y su discípulo debemos resolver el misterio.- Bufando fue hasta el mostrador a realizar el encargue. Con su típica voz cantarina, sin importarle un bledo llamar la atención de todos los comensales me señaló con el dedo -Reina Victoria acompáñame con otro café.- negué inmediatamente, -Recuerda nuestro pacto por siempre juntas, si yo engordo como una morsa, tú engordarás a la par mío.- Sentenció amenazante. Recé que la tierra me tragara y solamente para evitar que continuasen mirándonos como dos psiquiátricas, le asentí. Diez minutos después, Emma se sentó a mi lado con una bandeja llena de donas y los dos café. -Bien Vic quiero que me digas qué te hace pensar que el señor Anderson planea ejecutarte, encerrarte de por vida en el castillo de cristal o arrancarte los ojos. Aunque conociéndola de sobra y sabiendo que la cuota de humor que siempre la caracterizaba intentaba restarle congoja a la situación, su mirada pesarosa denotaba absolutamente lo contrario. -Emms conoces bien a Mark, tanto como si fueras su propia hija, es extraño luego de la disputa que tuvimos y que aún sabiendo de mi salida nocturna no haya montado ninguna escena de esas neuróticas a las que ya estoy acostumbrada. Tomé una pequeña bocanada de aire y continué -Me resulta inquietante., es como la calma que antecede la tormenta y por más raro que se le parezca el imbécil de Nicolás tampoco ha hecho una estupidez en cuanto a nada, sólo se ha mantenido en sus asuntos, distante como un fantasma. -Bueno amiga mía, déjame decirte solo una cosa... Aparte de que ésta dona es espectacular y podría comerme veinte sin remordimiento- se alzó de hombros como si mirara la octava maravilla del mundo recubierta de chocolate, -si Mark alias dictador y el engendro que tienes por novio, se les ocurre pasarse contigo les voy a patear el culo. No pude hacer otra cosa que reír. Emma y sus instintos violentos, agresivos y cómicos por sobre todo. -Ahora pequeña bribona, quiero que me digas algo- mirándome acusatoriamente alzó una ceja, -quién era ese papasote amigo de Iván que te acompañaba afuera de la disco. Mierda el inevitable tema de conversación. Conociendo a mi amiga, dueña y señora de los cotilleos no me dejaría en paz hasta que develara todas sus dudas. -Sí, sí señorita Anderson, estaba muy borracha, pero no podrás evitar ese asunto por toda una eternidad... Quiero que me cuentes en éste instante, en qué terminó la ida a tu casa con el amigo de Iván. -En realidad solo fue amable Emms, me llevó hasta la mansión,- dudé por un segundo, -a unas cuadras cerca de ella... Y... Nada más. Se presentó como Dominic y listo. -Eso es cliché Victoria, "en realidad sólo fue amable Emms"- dijo imitándome, -el tipo está como para chuparse los dedos, y tú te sentiste la perra más afortunada de todas al estar en su vehículo. Inmediatamente me percaté de cómo mis mejillas estallaban de vergüenza. -Dime Vic. Dime que hiciste el honor a tu amiga y te le tiraste encima.- Su sonrisa entre traviesa y expectante estaba hasta por los cielos. Y yo me empequeñecía considerablemente producto del sofocamiento. -No, no me le tiré encima. No lo besé, apenas si pude decir dos frases,- se sentía tan vergonzoso rememorarlo, -me resultó apabullante, intimidante como la hostia. -¡¡Bien!!, por algo se empieza.- Espetó Emma, -Es ardiente como el infierno y aunque te repito, estaba muy ebria, te comía con la mirada... Yo lo vi. -¡¡Ajaa!!, claro.- Mi lado sarcástico bailaba por hacer acto de presencia. -No seas tan estúpida Victoria. Mereces un revolcón de una noche, una aventura, un romance de novela, lo que mierda sea, pero lo mereces. Ella tenía razón, como siempre y aunque decirlo era sencillo, llevarlo a la práctica... Ahí estaba el punto en cuestión. -Vicky, ya sea con el tipo de la disco o con cualquiera que pueda hacerte sentir una mujer completa, deseada y satisfecha, merece la pena intentarlo. Tu padre y el imbécil de Nicolás se pueden ir a la mierda. Le sonreí ante la mención. Adoraba esos consejos de mi compinche. Me despertaba orgullo y admiración verla una mujer tan determinada defendiendo a capa y espada sus ideales. -A veces me pregunto qué haría sin ti Emma. -Ay Vic, ¿es que no es evidente? Nada obviamente.- Dijo con resolución. Ella y su modestia. -Entonces Emms creo que empeza...- El tono de llamada entrante en mi teléfono móvil impidió que continuara la conversación, irrumpiendo cualquier tipo de comentario indecoroso que pudiese brotar de mi garganta. Tragué saliva varias veces al reparar en el número registrado. El nerviosismo era palpable y en una mueca, Emma se percató que esa llamada no auguraba nada bueno. El tono sonó una vez más, inquieto, incesante y anhelante de ser respondido. Sí, al parecer, Dictador (como había registrado Emms a mi propio padre y en mi mismísimo móvil ) estaba ansioso porque le atendiera. -VICTORIA- Su acento frío como el hielo me congeló por completo, -NECESITO QUE TE DESOCUPES AHORA MISMO Y VENGAS A LA OFICINA. Mierda, estaba jodida, realmente en graves problemas. -E-está bien enseguida salgo para ahí. -¿En dónde te encuentras?- Indagó indiferente, con una frivolidad que heló mis entrañas. De verdad en momentos así desconociendo el grado de cólera de mi padre -porque sí qué estaba furioso- lo que menos podía hacer era llevarle la contraria. Bien Victoria bienvenida nuevamente a los ocho años, dónde temías ser regañada por tus padres. -E-en Starbucks con Emma- musité casi imperceptiblemente a modo de contestación. -Bien, pasa inmediatamente cuando arribes, Lena ya está avisada de tu llegada, no te demores... TENEMOS QUE CONVERSAR.- Sin opción a réplica cortó la línea. Tomé la mano de Emma en manifestación a mi ya, inexistente futuro -Ha sido un placer ser tu amiga Emms pero si no llego a dar señales de vida es porque Mark me ha colgado de un edificio. Ella soltó una risa nerviosa y poco le faltó abofetearme -No digas estupideces Reina del drama. No me hagas ir a patearle el culo antes de lo previsto.- Instándome a levantarme del asiento e ir por mi coche prosiguió, -Demuéstrales fierecilla de lo que estás hecha, ¡que no te dejas amedrentar! Se despidió con un sonoro beso en mi mejilla y antes de desaparecer por la avenida pude escuchar cómo gritaba -¡¡Eres mi chica valiente Victoria Anderson patéale las pelotas a tu padre!! Linda inyección de valentía la de mi rubia hermosa... Sonriendo ante su ocurrencia entré en mi automóvil y haciendo rugir el motor emprendí la marcha a lo que inminentemente sería el lugar de ejecución...
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