VICTORIA
El cabreo que percibía era desmesurado.
¿En qué momento el hombre mas sexy del mundo, quién había provocado mis sueños más eróticos e indecorosos se había convertido en otro bastardo en mi lista de imbéciles?
Me sentía traicionada sin entender el porqué. Algo en mi interior dictaba convencido que hacía bien en sentirme de ese modo, no obstante la paranoia incrementaba día a día.
Le daba vueltas y vueltas al asunto y no entendía una mierda.
Conocer a un tipo sexy, quién te llevaba a tu casa... Y a los días terminaba convirtiéndose en tu guardaespaldas... Algo súper normal sin dudas.
Quería golpear a Mark porque intuía que se traía algo entre manos., sabía que no contrataba a una persona por mi seguridad personal. Sus motivos verdaderos, los egoístas, clamaban que lo hacía para seguir sometiéndome a su voluntad.
Aún medianoche y no podía conciliar el sueño, ¿era Dominic mi salvador quién había impedido con su memorable carisma que un escándalo familiar se filtrara por televisión o revistas?
¿Por eso mi padre lo habría contratado?
¿Por culpa? ¿Por que se sentía en deuda?
Más importante aún... ¿Sería Dominic algún Zar o m*****o de la dinastía rusa?
Quizá conservaba el linaje de la famosa Anastasia Romanov de la película de Disney.
¿De verdad sus ojos eran entre grises y azules? Tan extraños y exóticos pero hermosos e hipnóticos al mismo tiempo.
Tantas preguntas sin poder resolver. Me sentía desquiciada y con un insomnio colosal. Necesitaba un trago, uno fuerte que me ayudara a conciliar el bendito sueño.
Mientras me envolvía en mi albornoz rosa y pantuflas a tono repasaba mentalmente de qué aperitivo podría disponer., ¿un tazón de yogurt con copos azucarados?, la descarté inmediatamente, -acabé los copos esta misma mañana y Olivia, la ama de llaves cometió el grave delito de olvidarse de reponerlos.
Podría ser un café con esa crema batida sabor vainilla que tanto amaba...
Tampoco, amanecería vomitando seguramente y quería verme radiante para enfrentar al imbécil, no enferma.
Al llegar a la cocina opté por un vaso de leche con miel. Lo preparé rápidamente y me encaminé a mi habitación. Todos dormían a excepción de papá, la luz de su despacho estaba encendida lo que me indicaba que aún trabajaba.
Sin darle demasiada importancia retomé el camino frenando en seco y recordando las deliciosas galletas con chispas de chocolate que tenía en la despensa.
Feliz ante el recordatorio descendí hacia la planta inferior considerando llevarme el paquete entero y sin desperdiciar un segundo reanudé la marcha. Encendería el plasma para ponerme al día con mi serie favorita, vería capítulo tras capítulo hasta que mis ojos quedasen chinos, sin dudas la fabulosa serie de vampiros sexy ameritaba ese sacrificio.
Totalmente inmersa en los abdominales del chupasangre cuyos ojos azules adoraba y en lo apetecibles que me resultaban ya que eran idénticos a las tabletas de chocolate, no me inmuté acerca de la voz a mis espaldas.
Volteando topé frente a frente con la infame cara de Nicolás. De seguro él y mi padre estaban laborando juntos.
-¿Qué se te ofrece Nicolás?- Espeté intentando sonar indiferente. Estar a solas en su presencia me causaba repelús y miedo en iguales partes.
El cretino que me analizaba de arriba abajo con creciente deseo, reparando en los muslos descubiertos por el albornoz y posteriormente en mis pechos, ocasionó que un terrible estado nervioso aflorase sin pedir permiso.
-A veces me pregunto, ¿por qué siendo mi novia simplemente no te hago mía y ya?- Infirió dubitativo y un tanto desquiciado.
La incertidumbre debido al parafraseo que brotaba de su garganta me infringía no sólo incertidumbre sino que un tintado matiz de terror. La voz enronquecida confirmaba que no mentía, el bastardo consideraba tomarme a la fuerza.
-¡¡Porque serías un reverendo cretino si lo hicieras Nicolás!!, ¡¡porque mi padre te cortaría las pelotas!! y... ¡Ah sí!, porque me das asco.- Dije perdiendo los estribos en un arrebato de coraje.
La risa cínica que profirió a modo de respuesta logró asustarme hasta la médula...
¿Estaba ebrio?, ¿drogado?, me valía una mierda nadie me obligaría a hacer algo que no quisiera y punto.
-¿Sabes una cosa Victoria?, si tu padre supiera que le he arrebatado la virginidad a su reina en miniatura, no sólo me haría una fiesta para celebrarlo sino que me palmearía el jodido hombro para felicitarme, ya que no todos los días se descubre que tu hija no es una frígida.- Aludió con crueldad y cinismo.
Eso señoras y señores, ¡¡me dolió!!
-No me vas a poner un puto dedo encima Nicolás, quiero que eso te quede claro, me das asco y ¡te odio!
Sin vérmelo venir me propinó una bofetada tal, que mi rostro dio un giro de ciento ochenta grados. No conforme con ésto comenzó a jalar fuerte y violentamente el cabello haciendo en consecuencia que chillara de la impresión y acercándome a su repulsivo rostro.
Miedo, terror, más miedo... Sensaciones embarazosas y temerosas a la vez me inundaban por completo.
-¡¡Eres mía Victoria!!- Siseó muy cerca de mi oído, -Te guste o no tu padre me soba las pelotas. Tú eres y seguirás siendo mía siempre, me ames u odies, me perteneces, ¡¡grábatelo en esa cabecita sexy que tienes!!- Como si no le alcanzase el haberme humillado de semejante manera otra bofetada, ésta vez a puño cerrado me dejó tirada en el medio del pasillo.
Nicolás se fue como si nada hubiera ocurrido y yo... Yo corrí como la cobarde de siempre a mi habitación jurándome una y otra vez que le haría la vida un infierno.
Nada de lágrimas, ni compasión... Odio era lo que sentía, odio por haberme convertido en algo tan manipulable, odio hacia todos esos que osaban en dañarme y utilizarme.
Me la iban a pagar uno a uno. Y con creces los vería caer, rogar clemencia, y así como no tuvieron piedad al doblegarme yo no la tendría con ellos.
Sonreí maquiavélicamente mientras ponía un paño helado en mi rojo e hinchado pómulo, mañana tendría un terrible hematoma que sería imposible disimular así creara una máscara estilo carnaval para ocultarlo.
Me valía mierda quedar magullada. Nadie tendría nada de mí por la fuerza, lucharía contra todo y cuando tuviera la oportunidad, cuando llegara mi momento, los destrozaría. Nicolás y todo aquel que intentase ponerme un jodido dedo encima o tratase de manejarme como muñeca de trapo.
¡¡¡Sí eso mismo!!!
Ahora porqué lloras... ¿Acaso no te estabas riendo?